Escapada a la Provenza francesa con niños

La Provenza francesa es una región riquísima en cuanto a recursos culturales, naturales y turísticos. Es una zona que tenemos relativamente cerca, a unas 4 horas por carretera desde Barcelona, lo que nos permite hacer una escapadita de fin de semana (si pueden ser 3 ó 4 días, mejor…).

 

Nosotros hemos estado varias veces por allí. Siempre hemos ido a visitar Avignon, Nimes y Arles, ya que son las tres poblaciones más famosas y populares de la Provenza. Sin embargo, en este artículo os contaremos nuestra escapada para visitar 5 joyas de la Provenza francesa que teníamos pendientes; el Pont du Gard, la Abadía de Senanque, Saint Remy de Provence y Les Lumieres de Carrieres.

En esta ocasión no visitamos Avignon, Nimes ni Arles, pero si vais por primera vez, no dejéis de ir a estas poblaciones, son fantásticas.

 

En esta ocasión fuimos a principios de julio. Estuve mirando bien en qué época podíamos ver campos de lavanda florecidos, y la temporada va de mediados de junio a finales de julio. Hay diferencias según la zona de la Provenza, ya que la recogida de esta flor es desigual; esta depende de si la floración ha sido antes o más tarde, y de la meteorología de ese año. Pero estadísticamente la época es la que os comento.

 

Fuimos a este viaje toda la familia, unas 15 personas, entre ellas, 7 niños de edades entre 15 y 10 años, así que organicé el viaje pensando en ver/hacer cosas que a los niños les gustasen.

 

A continuación, os explico las 5 cosas que queríamos conocer en la Provenza francesa en esta ocasión:

1. El Pont du Gard

Este es un acueducto impresionante de la época del Imperio Romano. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad UNESCO en 1985. Fue construido en el siglo I dc y formaba parte del acueducto de 50 km que llevaba agua desde Uzès a Nimes. El pont de Gard permitía salvar el desnivel que hay en el punto donde pasa el río Gard.

 

Es un acueducto de 49 metros de alto y 275 metros de longitud. Tiene 3 niveles; el bajo cuenta con 6 arcos y 22 metros de alto. El medio tiene 11 arcos y mide 20 metros de alto. Y el superior tiene 35 arcos y 7 metros de alto.

 

Esta construido por completo sin utilizar argamasa. Las enormes piedras están unidas por grapas de hierro. A pesar de tener más de 2.000 años, su estado de conservación es magnífico.

 

Una de las cosas que hacen especial a este acueducto, es que está construido en medio de un paraje natural. No hay construcciones alrededor, lo que le confiere un aspecto más auténtico ya que parece formar parte del entorno.

Si no te quieres complicar la vida o no sabes por donde empezar, puedes reservar excursiones por la Provenza con Civitatis:

Hoy en día todo el entorno del acueducto está muy organizado. Hay enormes parkings y se ha de pagar una entrada para visitarlo. Aquí tenéis toda la información necesaria de precios, horarios, etc. (https://www.pontdugard.fr/fr)

 

Una vez se aparca el coche, has de caminar 5 minutos. Cuando ves el acueducto del Pont du Gard delante de ti impresiona mucho porque es monumental.

 

Además de su interés cultural, el acueducto, en verano, se convierte en una zona de ocio divertidísima, ya que la gente, los niños y jóvenes, sobre todo, se bañan en el río Gard. Justo debajo del puente se forma una piscina natural enorme, con varios saltos de diferentes niveles, desde los que los niños no paran de saltar. El agua está un poco fría, pero como la actividad es intensa de subir y bajar, en seguida se entra en calor.

 

Es una actividad fantástica para pasar una mañana en remojo. Id con tiempo porque los niños (y no tan niños...) no se querrán ir de este sitio.

Hay también la posibilidad de alquilar kayacs para pasear por el río Gard. La corriente es muy suave en verano, así que no hay ningún peligro.

 

Nosotros nos llevamos un picnic y comimos allí, debajo del acueducto. Hay que decir que la zona es pedregosa, así que os recomiendo llevar escarpines o bambas para no haceros daño al caminar por entre las piedras.

 

Bañarse en el río Gard, bajo los arcos de este acueducto milenario, me pareció una actividad tan bonita y divertida, como exótica, digna de una película costumbrista de Trueba.

2. La Abadía de Senanque

La Abadía de Senanque es una pequeña joya situada en el Parque Nacional del Luberon, al lado de Gordes. Es una abadía cisterciense fundada hace 8 siglos (en el 1154) que aún hoy sigue funcionando. Viven allí unos pocos monjes cistercienses, que se mantienen gracias al turismo y algunas otras pequeñas explotaciones, como la lavanda.

 

La abadía de Senanque es austera, sencilla y sin decoraciones, fiel a su filosofía cisterciense, pero precisamente por eso, es bella. También por su ubicación, en la hondura de un valle, rodeada de montañas y campos, como fue concebida en sus orígenes, alejada del mundanal ruido de las ciudades y cerca de la naturaleza.

 

La abadía de Senanque es una estampa ideal, de hecho, es una de las postales que se pueden ver en todos los kioskos de la Provenza, como representativos de esta región.

 

Nosotros estuvimos una semana santa, hacía varios años por aquí y nos quedamos enamorados… aunque nos quedamos con las ganas de ver este paraje con los campos de lavanda en flor, cosa que en este viaje pudimos apreciar y os aseguro que la imagen es impresionante, de película…

Si quieres tenerlo todo controlado y la comodidad de que te lleven, consulta las excursiones de Civitatis:

Nos levantamos pronto porque desde nuestro hotel quedaba a una horita de camino y habíamos reservado entradas para visitar la abadía a las 10:00. La abadía se puede visitar de varias formas, con guía en francés o a tu aire con un Ipad en castellano. Nosotros elegimos la modalidad de a nuestro aire.

 

En este link tenéis toda la información sobre la visita, horarios, precios, etc. de la Abadía de Senanque: https://www.senanque.fr/

 

Cuando llegamos allí, nos quedamos alucinados de lo bonito que era aquel entorno, con la abadía al fondo y los campos de lavanda florecidos, de un color violeta intenso. La abadía está rodeada de campos de lavanda que cultivan los propios monjes. El fruto que recojen lo utilizan para hacer jabón y otros productos que luego venden en su bien surtida tiendecita de la abadía.

 

Estuvimos un buen rato merodeando por los alrededores de la abadía, haciéndonos fotos con ese escenario tan bonito. 

Seguidamente hicimos la visita de la abadía. Nos dieron un Ipad a cada uno, los niños ya estaban en su salsa, con una aplicación muy bien organizada, que te daba explicaciones de todas las salas por las que pasamos, además había elementos interactivos; si escaneabas un código QR se activaba una vista en 3D del ambiente del lugar en el que te encontrabas, con personajes de otras épocas. Todo este tinglado sirvió para que los niños atendiesen mejor la visita. Es un buen sistema para que todos, pequeños y mayores disfrutemos a nuestra manera este tipo de visitas.

 

Pudimos ver las diferentes estancias del monasterio; comedor, dormitorios, cocinas, salas de reunión, etc. Lo más bonito es el claustro, con capiteles labrados, y un pequeño jardín en el medio. El Ipad te va situando en la historia y te explica como vivían y siguen viviendo los monjes que habitan la abadía.

 

La iglesia es muy austera, tanto por fuera como por dentro. No tiene nada. Me pareció que así, podía ser más fácil conectar con un Dios.

 

Hay también posibilidad de alojarse en la abadía de Senanque. Disponen de unas pocas habitaciones para los que quieran una estancia tranquila y sosegada, eso si, durante el día tendrán que sufrir las hordas de turistas que van a visitarla.

 

Al finalizar la visita estuvimos contemplando un rato más los campos de lavanda en flor…

Para llegar a la Abadía de Senanque se ha de pasar por Gordes. Este es un pueblo de piedra que desde la estrecha carretera se ve parcialmente colgado sobre un peñasco. Es un pueblo precioso, con edificios medievales, cipreses, calles adoquinadas, muy bien conservado. Hay varios hoteles con encanto en Gordes, como el Petit Palais d’Anglaé Gordes o La Bastide de Gordes, ideales para pasar un fin de semana romántico. Eso si, se ha de reservar con mucha antelación porque son alojamientos muy demandados.

 

Gordes merece también una paradita y un paseo por sus estrechas callejuelas.

3. El teatro romano de Orange

Orange era otro de los destinos que nos interesaba visitar en esta escapada por la Provenza francesa. Aquí se encuentra uno de los pocos teatros romanos, en todo el mundo, que aún conservan la fachada escénica.

 

El teatro romano de Orange fue construido en el siglo I dc, bajo el reinado de Cesar Augusto. En aquel entonces la colonia romana se llamaba Arausio, y es uno de los mejores conservados del mundo.

 

He visto teatros romanos por toda la ribera del Mediterráneo; En Baelo Caludio (Tarifa – Cádiz), Volubilis (Marruecos), El Djem (Túnez), Jerash (Jordania), Efeso (Turquía), Taormina (Sicilia), etc. pero ninguno conserva tan bien como este de Orange, la fachada escénica.

 

Este monumental anfiteatro romano forma parte, junto al arco de triunfo de Orange, del Patrimonio de la Humanidad UNESCO desde 1981.

 

Solo por visitar este teatro ya vale la pena venir a Orange. Es algo extraordinario, para quien le guste la historia antigua y contemplar sus vestigios.

El teatro está en pleno centro de la ciudad. Al llegar al recinto, lo primero que se ve es el impresionante muro (la parte exterior de la fachada) de 103 metros de largo y 37 de alto. “Es la muralla más bella de mi reino” dijo Luis XIV durante una visita.

 

Es posible visitar el interior. Nosotros hicimos la visita del teatro romano de Orange con un audio guía en castellano. Se entra por un lateral, entre enormes muros y enseguida se abre el espacio delante de ti, con las inmensas gradas (muchas reconstruidas) que podían albergar a 9000 espectadores.

 

Fuimos haciendo el recorrido, más o menos en orden y escuchando las explicaciones sobre el teatro romano de Orange. Los niños aguantaron las primeras explicaciones, pero luego, se dedicaron a corretear por entre los pasadizos anteriores del monumento y las gradas.

 

La fachada escénica, por el interior, aún conserva la estructura original de tres niveles. Estaba recubierta de mármol y reconstruía simbólicamente un palacio decorado con columnas en tres niveles, frisos y nichos, donde había 80 estatuas, de las cuales solo queda una, del emperador Augusto.

Todo allí es majestuoso y monumental. Aún hoy en día se realizan festivales y conciertos en este teatro. De hecho, durante nuestra visita, vimos como estaban recogiendo el escenario de un concierto que se había celebrado la noche anterior.

 

Estuvimos sentados un rato en las gradas, a diferentes alturas, mis padres se quedaron en las gradas inferiores, no tenían ganas de forzar sus rodillas. Nosotros subimos a las gradas superiores, a una altura considerable, desde donde se veía parcialmente la ciudad de Orange. Comprobamos la acústica con los niños y ciertamente, es fabulosa. Estos romanos sabían hacer bien las cosas…

 

También nos estuvimos imaginando la puesta en escena de una obra teatral en la época romana y como se distribuían los espectadores, según su clase social, por las gradas del teatro.

 

El teatro romano de Orange nos encantó. Es una visita muy recomendable, es una joya histórica poco conocida, pero de mucho interés.

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4. Saint Remy de Provence

Saint Remy de Provence es uno de los pueblos clásicos y más populares de la Provenza francesa. Situado entre Arles y Cavaillon, es un pueblo precioso, lleno de callejuelas, lleno de tiendecitas con encanto y pequeños restaurantes. El centro del pueblo está muy bien conservado y todo son casas de colores ocres con sus ventanas pintadas de color azul pastel. Hay también varias iglesias y edificios clásicos que le dan un aspecto medievalesco. También plazas pequeñas con fuentes y múltiples hotelitos tipo boutique.

 

Estuvimos un par de horitas paseando por las callejuelas de Saint Remy, cotilleando las tiendas de jabones, las cuales desprendían unos aromas campestres magníficos, o alimentándonos con la vista de los escaparates de las charcuterías provenzales. Nos sorprendió la cantidad de pequeñas galerías de arte, casi todas modernas, que había. Imagino que por esta región debe haber unas villas fantásticas que tendrán que ser decoradas… Hace unos años estuvo viviendo por aquí, en busca de tranquilidad y retiro, la princesa Carolina de Mónaco. Desde entonces, esta región se ha puesto de moda entre las clases altas de la sociedad francesa y monegasca.

El día anterior a nuestra visita habían celebrado un encierro ya que vimos como estaban desmontando todas las vallas protectoras. En el sur de Francia hay una cultura taurina muy arraigada, de hecho, tanto en Nimes como en Arles, se celebran corridas de toros habitualmente. Muchos toreros españoles vienen aquí a torear.

 

A mi madre le encantan este tipo de pueblecitos y disfruta mucho paseando, rodeada de sus nietas, cotilleando las tiendecitas. Mi padre está siempre buscando la belleza en los detalles arquitectónicos y le gusta contemplar el ambiente de la gente yendo y viniendo.

 

Mientras Pili compraba aceite de trufa en una de estas tiendecitas monas, yo estuve observando como una pareja estaba vendiendo, como churros, raciones de una paella gigante, con un exceso de colorante. Hacía mucho calor y para combatirlo, les compramos a los niños un granizado de fresa y limón.

 

Saint Remy de Provence es un pueblecito precioso, ideal para venir a pasear por la tarde, después de haber pasado una mañana leyendo bajo la sombra de un ciprés y ballándote en la piscinita de tu villa privada, durante tus vacaciones de verano.

5. Les Lumieres de Carrieres

Les Lumieres de Carriere fue la última actividad que hicimos durante nuestra escapada a la Provenza francesa con niños.

 

Les Lumieres de Carrieres es algo extraordinario, nos dejó sin palabras… Se trata de unas enormes canteras subterráneas cercanas al pueblo de Les Baux de Provence, que fueron abandonadas al agotarse las minas de bauxita. Estas canteras han sido rehabilitadas y acondicionadas para la proyección de un show audiovisual espectacular. Allí, las pinturas de Van Gogh, Gauguin y otros geniales pintores cobran vida y son proyectadas en todas las colosales superficies; suelos, paredes, techos. El espectáculo visual está acompañado de música y un ambiente mágico.

 

La visita tiene horarios establecidos, así que debéis sacar un ticket con antelación. Nosotros habíamos escogido las 13:00, justo antes de comer.

Podeis ver toda la información en la web oficial de Les Carrieres de Lumiereshttps://www.carrieres-lumieres.com/

Es, también, esta actividad, un alivio refrescante para escapar de las altas temperaturas del verano.

 

La visita es libre, es decir, puedes deambular por todo el inmenso espacio de las canteras durante una hora. Se trata de que contemples el espectáculo desde diferentes ángulos y vayas recorriendo todo el espacio subterráneo. Los niños no pararon de ir de aquí para allá. 

Durante nuestra visita pudimos ver dos proyecciones; una de Van Gogh y otra de arte japonés. Nos gustaron mucho las dos. Nos fuimos moviendo por todo el espacio y en ocasiones nos sentábamos para descansar un rato.

 

Yo no tenía el material necesario, en esta ocasión, para sacar buenas fotos, así que si queréis ver buenas instantáneas de Les Lumieres de Carrieres, podeis visitar este link: https://www.flickr.com/photos/marc_carpentier/albums/72157702585931774

 

La verdad es que Les Lumieres de Carrieres es una actividad muy original y única. Me pareció que la reconversión de estas canteras subterráneas se había solucionado de una manera muy original y creativa.

 

Para completar la visita de este lugar, es posible ver alguna zona de las canteras, tal como las han dejado después de finalizar la actividad minera.

 

Finalmente, visitamos Les Baux de Provence, uno de los pueblos más bonitos de Francia. Su extraordinaria ubicación, en lo alto de una colina, las magníficas vistas de Les Alpilles (estribaciones de los Alpes) y la misteriosa y pedregosa ciudadela medieval en la Ville Vielle, nos sorprendió gratamente.

 

La Provenza francesa, un mundo de aromas, sabores, historias, leyendas y misterios, hacen de ella una de las zonas con más encanto de toda Francia.

 

Un destino muy recomendable para viajar con niños. Aquí podrán culturizarse, pero además, divertirse y respirar naturaleza.

Nuestro hotelito en la Provenza francesa

Como éramos 15 personas, tuvimos que dividirnos en dos hoteles.

 

Tras investigar y hacer una buena selección de la hotelería del lugar, escogí Le Mas de Gleyzes B&B de Charme y Residence Vacanceole Pont du Gard. Ambas separadas por un trayecto de 15 km.

 

Respecto a Le Mas de Gleyzes B&B de Charme, tengo que decir que fue lo que esperábamos, un hotelito pequeño y tranquilo, típico de la Provenza francesa. Se trataba de una masía reformada, con un jardincito con piscina, rodeada de campos.

 

La masía es muy bonita; las habitaciones muy amplias, con techos altos, muchas preparadas para acoger a familias, así que ideal para nosotros.

 

Tomamos el desayuno en el porche del jardín. Un desayuno fantástico, con zumo de naranja recién exprimido, embutidos, cruasanes de mantequilla, etc.

La pega de este hotelito son sus dueños. Una pareja que no dejó de recordarnos las mil y una normas de su establecimiento, además, de forma un poco ruda y maleducada. Nuestros niños se portaron fantásticamente. Si esta pareja no quiere niños en su hotel, parecía que le molestasen, que no lo promocione para familias… Además, me molestó mucho que nos llamase la atención la primera tarde, cuando nos vino a buscar la familia de mi hermano Alex, que estaba en el otro hotel, para irnos a cenar. El tipo nos dijo que no se admitían visitas de gente que no estuviese alojado en su hotel… me pareció un maleducado integral.

 

Respecto al hotel Residence Vacanceole Pont du Gard, se trata de un aparthotel más que correcto, con infraestructura moderna y una buena piscina. Situado justo a la entrada del Pont du Gard, y cerca de Avignon, así que muy cómodo para explorar toda la región.

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