¿Qué ver en Katmandú en 3 días?

Hoy inicio la crónica de lo que fue nuestro viaje a Katmandu, Rajasthan y Norte de la India. Presiento que no va a ser nada fácil, en todo caso, transmitir lo que vimos, sentimos y experimentamos aquellos días será muy difícil de hacer por escrito, pero lo intentaré.

Este fue un viaje de los que dejan huella, de los que te hacen reflexionar. Aquellos en los que descubres que existen mundos paralelos dentro de nuestro propio planeta. Fue la descubierta de un mundo y una cultura radicalmente diferentes al nuestro, una forma de pensar y plantear la vida diferente.

 

Leyendo a mi escritor de viajes favorito, Javier Reverte, no hay otro como él… descubrí un párrafo que describe a la perfección mis sensaciones al viajar, dice:

 

Y de pronto, mientras deambulo ese primer día por el que definitivamente va a ser mi barrio neoyorquino en los próximos tres meses, noto crecer dentro de mi una sensación de euforia. Es una emoción reconocible desde años atrás, la misma que me embarga cuando emprendo un viaje o cuando me instalo en un lugar del que lo desconozco casi todo. Pienso que es una manera de renacer o un regreso a la infancia, cuando uno, ciegamente, va abriéndose camino en territorios inexplorados por los pies, por los ojos y por el alma”.

 

Así me sentía yo cuando inicié este viaje, como un niño, expectante de todo lo que iba a descubrir durante los próximos días.

Este viaje a la India era, para mi mujer y para mi, el segundo viaje que hacíamos a este destino. Ya estuvimos en el 2011 en el Sur de la India, en Kerala, invitados por mi querido socio, que montó un sarao impresionante, de una semana, para celebrar el 15 aniversario de su empresa. Pero no es lo mismo la India del sur que la India del norte. La del sur, sobre todo la de la costa oeste, está muy influenciada por la época colonial portuguesa y, por ejemplo, es mayoritariamente cristiana, así que no vimos templos hindús ni budistas, ni musulmanes… El norte de la India es otra historia, otro planeta, como os comentaba.

 

Cuando nos planteamos viajar al norte de la India, pensamos que era buena idea añadir al programa una corta extensión a Nepal, a Katmandú, principalmente, ya que combina bien en cuanto a vuelos y de esta manera añadíamos un punto fuerte al programa.

 

En mi empeño por buscar cosas extraordinarias cuando viajo, seleccioné, para este viaje, los siguientes grandes objetivos:

  1. Ver la cordillera de los Himalayas
  2. Ver tigres de Bengala en su hábitat natural
  3. Ver el Taj Mahal
  4. Ver y experimentar el río Ganges en Varanasi

Lo demás, que no es poco en este viaje, era un regalo para nosotros.

Con varios meses de antelación, reservamos vuelos internacionales con Qatar Airways y varios vuelos domésticos con Jet Airways (ya no existe) y Air India, y solicitamos los servicios de tierra a mi socio en India. También tramitamos el visado online para la India y fuimos al centro de vacunación tropical para que nos asesorasen sobre las vacunas recomendables para viajar a Nepal e India.

 

Nuestro viaje a Nepal e India lo planteamos para finales de noviembre, uno de los mejores momentos para viajar a aquella región ya que se ha terminado la temporada de lluvias y las temperaturas son buenas, además, en principio, los Himalayas están despejados y se pueden ver bien las cumbres.

 

Estaba todo listo. Solo teníamos que esperar a que llegase el día de salida, y llegó!

 

A destacar, del vuelo internacional, que tuvimos unas vistas de la cordillera de los Himalayas espectacular. Fuimos divisando, a lo largo de un buen rato, los 2.000 km de espectaculares montañas que ocupan parte de Pakistan, India y Nepal. Dicen que se ven los montes Dorje Lakpa, Ganesha, Purbi Chhyachu y Langtang, seguramente los vi, porque no había ni una nube, aunque no los supe distinguir. También me pareció ver el mítico Kailash, aunque eso es más una ilusión que una realidad… en todo caso, aquel vuelo no lo olvidaré jamás…

Nuestra extensión a Katmandu era de tan solo 3 días. Si lo hubiera sabido, hubiera añadido 1 ó 2 días más para poder disfrutar de esta ciudad tan bonita (a pesar de la suciedad y el caos) e interesante. No pretendíamos visitar nada más de Nepal, nos conformábamos, por el momento, con conocer la capital. Ya habría ocasión para hacer en un futuro próximo un viaje completo por Nepal, incluyendo algún trekking interesante.

 

Durante nuestra estancia en Katmandú nos alojamos en el hotel Manaslu. Es un hotel más correcto, incluso, bonito. Pero sin grandes lujos. La situación es céntrica, aunque al tener un programa de visitas un poco a tope, no pudimos disfrutar de las instalaciones.

 

Si buscais algo un poco mejor, os recomiendo el hotel Yak & Yeti, este está super bien, es de losmejores de la ciudad. Para viajeros que buscan romanticismo y exotismo es ideal.

 

Estos son los puntos más interesantes e “imperdibles” cuando se hace un viaje a Katmandú.

1. Templo de Swayambunath o templo de los monos

Este es un recinto situado en una colina elevada, con vistas de al Valle de Katmandu. Se trata de uno de los centros de oración más antiguos de la ciudad (se habla de que hace más de 2.000 años, ya venía gente de peregrinación a este lugar).

 

Se puede acceder de dos maneras; a) subiendo 365 escalones, entre selva, coloridas estatuas de budas y monos, ó b) en coche hasta prácticamente la entrada del recinto.

 

Este centro forma parte del Patrimonio de la Humanidad UNESCO. Aquí se venera tanto a Buda como a los dioses hindúes. El sincretismo religioso en este lugar es fantástico.

Hay varios elementos que destacan aquí;

 

La gran estupa; todo gira en torno a esta blanca estupa. Los peregrinos deambulan y van haciendo rodar los molinillos de oración, haciendo ofrendas en forma de velas y flores en las pequeñas capillas, repitiendo los mantras sagrados.

 

Por encima de la estupa (que simboliza el Universo), se eleva un cajón dorado con los ojos de Buda, que todo lo ven, en sus cuatro costados, y un pináculo con 13 estratos, que simbolizan los 13 pasos que se han de dar para alcanzar el Nirvana.

La pagoda hindú dedicada a la diosa Havati, protectora de los niños.

Hay una zona con muchas estupas pequeñas ceremoniales con imagenes de Budas, que no se salvan de la presencia de los monos. 

Los monos que deambulan por allí a sus anchas, comiéndose las ofrendas que dejan los oradores. Todos los animales son sagrados para los hindús, así que no se les puede molestar. No son agresivos, pero no dejan de ser animales salvajes y es mejor mantener una distancia prudencial con ellos, por si las moscas...

La cantidad de banderitas de oración tibetanas que hay por aquí es espectacular, parece una feria o una fiesta mayor. La verdad es que da un colorido a todo esto fantástico. Y el gran “dorje” dorado. Este es un símbolo tibetano que representa al trueno, la masculinidad y el poder.

 

Estuvimos un buen rato paseando por aquí, observando a la gente, muchos tibetanos, orando, de una forma muy automática, haciendo rodar los molinillos. El ambiente era muy auténtico, no había turistas, solo locales. Estuvimos también jugando un poco con los monos, los únicos que nos hacían un poco de caso…

2. Plaza Durbar de Katmandú ó Basantapur

Catalogado como Patrimonio de la Humanidad UNESCO, la plaza Durbar de Katmandú se encuentra entre los conjuntos urbanos más exquisitos del mundo. Después de haber sido un centro de poder real y religioso durante más de mil años, la mayoría de sus múltiples edificios sagrados y profanos se crearon, en su forma actual, durante el período de mayor prosperidad de Patan, bajo los tres reyes sucesivos del siglo XVII, Siddhi Narasingh, Shri NIwas y Yog Narendra.

Este es un espacio maravilloso, de ensueño, aquí, todos mezclados en una total sintonía se encuentran los templos de (por orden): Krishna, la campana de Taleju, Shankar Narayan, Narasimha, Char Narayan, Krishna Mandir, Vishvanath y Bhimsen.

 

No se trata de templos grandes, son más bien pequeños, no importa, son todos bellísimos y verlos todos juntos da una sensación de paz y armonía genial. Lástima que muchos se vean afectados por los terribles efectos del terremoto del 2015, que sacudió Katmandú a lo bestia… Aún en el 2017 se ven muchos templos semi derruidos o con andamios de madera. Nepal no tiene dinero para su reconstrucción y ésta solo es posible con la colaboración del resto del mundo, que llega aquí, a cuentagotas…

En un extremo de la plaza, se encuentra el rincón con más fuerza del recinto, son un conjunto de 3 templos; Jagannath, Vishnu e Indrapur y la columna del rey Pratap Malla. Pero lo que destaca allí es el templo de Kaal Bhairava, con una imagen exterior enorme de 3,7 metros, de un negro intenso del dios Kaala Bhairava, que es la representación más destructiva de Shiva. Hay una leyenda que dice que la gente moría si decían una mentira en frente de esta estatua, por eso este templo sirvió de Tribunal Supremo de Nepal durante mucho tiempo…

La actividad y expectación en este templo era fantástico, el olor a incienso y el humo lo impregnaban todo. Estaba lleno de ofrendas en forma de flores de un intenso color naranja, que contrastaban con el color oscuro de la estatua. Había por allí también varios “yogguis” ya de una edad avanzada, o eso parecía, con unas túnicas de color amarillo y naranja muy llamativas. Me puse a su lado para hacerme una foto y me dí cuenta de que eran enanos, tenían una estatura bajísima…

3. Palacio Real de Katmandú

Seguidamente visitamos el Palacio Real, de las dinastías Malla y Shah, también muy afectado por el terremoto. Entramos por la puerta dorada, custodiada por un par de leones de piedra, que se sitúa al lado de la estatua de Hanuman (el dios mono). Ahí, uno de los vigilantes me puso un sombrerito nepalí y me dejó ondear la bandera del Nepal, muy bonita, por cierto. Creo que es la única que no tiene forma rectangular en todo el mundo…

 

Ya dentro del Palacio, todo el patio interior está apuntalado con andamios. Pudimos dar una vuelta por allí, todos los tejados estaban llenos de monos…

4. Palacio de la Diosa Kumari

Cerca del Palacio Real encontramos el Palacio de la Diosa Kumari. Es un lugar especial, no es un palacio, es como una casa (desde fuera no se ve nada). Cuando entras apareces en un patio interior con un pequeño altar humeante en el centro. Las paredes del patio están llenas de ventanas y balcones de madera oscura ricamente decorados.

En este palacio vive la diosa viviente Kumari. En Nepal, durante siglos, los hindúes y budistas de todo el valle de Katmandú han adorado a estas jóvenes a las que creen poseídas por la diosa hindú Taleju. Son niñas cuidadosamente seleccionadas, que han de cumplir una serie de requisitos físicos y psicológicos. Para que una niña se convierta en diosa necesita ser perfecta y tener un corazón y un alma puros.

 

El reinado de estas diosas se termina cuando tienen la primera menstruación. Entonces son sustituidas por la siguiente niña escogida. Ser una kumari no es tarea fácil, no pueden salir de casa, ni ir a la escuela. Se dedican a bendecir a los visitantes. Se pueden ver, a todas horas del día, gente esperando a que la diosa kumari de turno se asome por el balcón y salude al personal. No se ve cada día una diosa viviente… nosotros estuvimos un rato allí, pero no tuvimos la suerte de verla.

5. Templo Dorado o Hiranya Varna Mahavihar

Finalmente visitamos el templo dorado, se trata de una pequeña joya escondida entre las callejuelas, no muy lejos de la plaza Durbar, pero si, fuera de los circuitos turísticos. Se entra al recinto por una puerta custodiada por dos leones mitológicos, donde está el templo de Ratna Chaitya, que se levanta en tres alturas, basta con alzar la vista para saber porque se le conoce con el nombre de Templo Dorado.

En este pequeño templo, como ocurre a menudo en Nepal, se venera tanto a Buda como a diversos dioses hindúes. Así, aquí encontraremos a la representación nepalí más celestial del Buda, conocido como Shree Guru Vairasattva, pero también a la figura hindú de ocho brazos que representa a Shree Amoghapasha Lokeswara.

 

El templo se ve vivo, con ofrendas frescas y velas humeantes. Muy erosionado ya por su antigüedad (siglo VII), infunde un profundo respeto y un misticismo fantásticos.

6. Sobrevuelo en avioneta del Himalaya y avistamiento del Everest

Esta era una de las actividades que más ilusión tenía de hacer en este viaje a Katmandú. Había estado estudiando las posibilidades para ver los Himalayas y el Everest desde Katmandú, en una excursión corta, y solo existen 3 opciones;

  1. Vuelo en avioneta hasta Luckla y desde allí un helicóptero al Campamento base del Everest. Una opción increíble, pero demasiado cara…
  2. Vuelo escénico en avioneta de los Himalayas con salida y regreso desde Katmandú. Esta es la opción que escogimos. Es más económica y es una actividad de poco más de hora y media.
  3. Exursión a Nagarkot. Es posible obtener unas buenas vistas de los Himalayas y del Everest, si hace buen tiempo y no hay nubes. Esta opción también resultaba atractiva, pero pensé que dependíamos mucho del tiempo y además, las montañas quedan lejos...

A mi edad, ya he renunciado a ascender el Everest, el pico más alto de nuestro planeta (8848 msnm). Eso, a pesar de que actualmente parece que lo pueda hacer cualquiera que esté un poco preparado, es un objetivo solo alcanzable por gente fuera de serie. Super deportistas serios, que saben a lo que exponen. El Everest no es solo una montaña de la máxima exigencia técnica, sino que es super peligrosa por la meteorología. A todo eso se le añade la dificultad de la altura, dicen que, a partir de los 7000 msnm, nuestro cuerpo se muere, a esa altitud no existen las condiciones físicas que necesitan los pulmones o el corazón para que funcionen correctamente, así que la tarea es extremadamente compleja.

 

Mi única opción, para poder tener una experiencia Everest, es verlo desde cerca desde un avión despresurizado, con eso ya me conformo.

Esa mañana, nos despertamos pronto. El sobrevuelo del Himalaya salía a las 06:45 horas, así que el madrugón fue importante. Nos trasladaron al aeropuerto de Katmandú. Este es un aeropuerto pequeño y tercermundista. Había por allí, esperando su vuelo, varios sherpas y montañeros, imagino que se dirigían a poblaciones más cercanas a los Himalayas, donde iniciarían sus expediciones a las montañas.

 

El día era fantástico, cielos despejados y un sol que se presumía radiante. Las condiciones ideales para poder avistar el Everest.

 

El avión era de tamaño, entre pequeño y mediano. De 15 asientos dobles en cada lado, aunque solo se ocupaba el de la ventanilla, es decir, un total de 30 pasajeros, aunque no iba lleno.

 

Despegamos con un poco de retraso, y nos fuimos aproximando a la cordillera, a una cierta altura ya, debíamos volar sobre los 9000 metros de altitud. 

Ya visualizábamos los Himalayas, que sobresalían poderosamente de entre otras cumbres menores. Blancas, de nieves perpetuas y glaciares milenarios. Cumbres colosales, hermosos pliegues geológicos, montañas sagradas, morada de dioses, monumentos más antiguos que las pirámides, tumba de aventureros desventurados, eso son los Himalayas, que emoción poder verlos de cerca. Nos íbamos acercando cada vez más, hasta que por la megafonía nos informaron de que a nuestra derecha podíamos avistar el primer ochomil del día, el Makalu (8485 msnm)… uauuuuu, impresionante, sobresalía de todos los picos, que a su vez sobresalían de las montañas de los alrededores… estábamos viendo uno de los 14 ochomiles que existen en nuestro planeta!! Qué maravilla de panorámicas…

El avión hizo un pequeño giro hacia la izquierda y en ese momento dejamos la cordillera a nuestra derecha. Estuvimos volando un rato hasta que el avión se puso de frente, de nuevo, hacia los Himalayas, en ese momento, surgió la impresionante pirámide del Everest, delante nuestro… casi me pongo a llorar de la emoción… lo estaba viendo! El pico más alto de nuestro mundo… impresionante… pudimos ir a la cabina del piloto para verlo con más amplitud, que momento! Ya lo tengo grabado en mi disco duro vital para toda la vida. Se me vinieron a la cabeza muchos pensamientos con aquella imagen del Everest, pero, sobre todo, un pensamiento de admiración a todos aquellos que han logrado la gesta de escalarlo, también para aquellos cuyos cuerpos todavía deben estar por allí congelados… que extraña obsesión la de los hombres y mujeres, que nos gusta subir a las montañas…

 

Esta imagen del Everest delante nuestro, no a mucha distancia, es uno de los grandes objetivos que teníamos en este viaje a Nepal e India.

 

Justo delante del Everest vimos también el tercer ochomil del día, el Lhotse (8516 msnm), otro pico legendario. Muchas expediciones cuyo objetivo es coronar el Everest, se entrenan subiendo al Lhotse, creo que no es una ascensión tan peligrosa.

 

El día estaba resultando increíble, 3 ochomiles… hay alguno más, no muy lejos de donde estábamos volando, el Cho Oyu (8201 msnm) y el Shisha Pangma (8027 msnm), pero el tiempo de vuelo había llegado a su fin y el piloto dio media vuelta de regreso a Katmandú. Durante ese trayecto me estuve fijando en los valles y cumbres menores que dejábamos atrás, zonas inhóspitas, a bien seguro que muchas de ellas nunca pisadas por el ser humano. Que bonita es la montaña y que inmenso poder tiene para colocarnos en nuestro sitio, cuando el ser humano se cree el ombligo del mundo…

 

Este sobrevuelo de los Himalayas no lo olvidaré nunca en toda mi vida. Es una actividad fundamental cuando se viaja a Katmandú, no os lo podeis perder.

7. Estupa de Boudhanath

Este es uno de los lugares más especiales de Katmandú, en realidad, de Boudha, un barrio a unos 10 km del centro de la capital. Es uno de los recintos sagrados budistas más importantes de Nepal, se trata de la “gran estupa” (Chorten Chempo, como la conocen los locales).

 

Este lugar estaba en la ruta comercial entre el Tibet y Katmandú e históricamente había una gran relación entre ambos pueblos, así que cuando China invadió el Tibet en 1959, muchos tibetanos se refugiaron aquí, en Boudha, donde han creado más de 50 pequeños monasterios (gompas) en torno a la gran estupa.

 

La gran estupa tiene un origen incierto, pero los expertos lo datan en el reinado de Manadeva (464-505) o Sivadeva (590-604). Hay una leyenda que dice, a cerca de su origen, que una pobre mujer se acercó al rey para pedirle un terreno para construir una estupa. El rey le dijo que le concedería el terreno que cupiese dentro de la piel de un búfalo. La mujer, entonces, cortó a tiras la piel del animal y formó un gran circulo, que se supone es donde se asienta actualmente la estupa de Boudhanath.

La estupa sobresale por encima de los edificios cuando se mira desde lejos y ejerce una gran influencia urbanística a su alrededor. Si se observa una vista aérea de la zona (con Google Maps, por ejemplo), verás cómo los sencillos edificios que dan a la estupa están dispuestos en forma circular.

 

Se entra al recinto de la gran estupa por un callejón. Solo entrar te encuentras de cara la gran construcción de un blanco impoluto (la encalan cada año). Se respira un buen ambiente, ajetreado por la cantidad de gente que viene a rezar, pero también por los pequeños comercios de artesanías y cafeterías que se han abierto en la plaza. Es un reclamo turístico de primer orden en la ciudad, así que la afluencia de extranjeros ha aumentado en los últimos años.

 

Durante todo el día se pueden ver peregrinos deambulando, haciendo rodar los cientos de molinillos de oración mientras dan 3 vueltas a la gran estupa, pero cuando el lugar adquiere más magia, es cuando se pone el sol. A esas horas, vienen los tibetanos a rezar y hacer sus plegarias a Buda. En todo el recinto se respira un misticismo fantástico, envuelto en los olores del incienso, la luz del ocaso, los sonidos de los mantras y el hondeo de las banderitas multicolor que cuelgan de la estupa.

La gran estupa es una construcción clásica, llena de simbología. Es muy interesante tratar de descifrar cada uno de sus elementos para comprender mejor el universo budista.

 

  1. La base de la gran estupa está compuesta por tres grandes plataformas en forma de cruz, que van disminuyendo en tamaño a medida que se va acercando a la cúpula. A continuación, hay dos grandes plataformas circulares que soportan la gran cúpula de la estupa. Toda esta área representa la Tierra.
  2. Seguidamente, veremos la cúpula, que representa el Agua.
  3. Justo encima de la cúpula veréis un cajón o cubo cuadrado dorado, con los ojos de Buda, en cada uno de sus cuatro lados. Esta zona simboliza el Fuego.

Entre los ojos de Buda podremos observar un signo de interrogación parecido a una oreja. Dentro de este, veremos el carácter que en nepalí significa “1” y que representa la Unidad.

  1. Seguidamente veremos una forma piramidal, también dorada, con 13 estratos, que simbolizan los niveles que hay que superar para alcanzar el Nirvana.
  2. Por último, en lo más alto de la estupa encontramos una especie de gorro o sombrilla que simboliza el vacío del Universo.

 

Otra de las cosas interesantes de esta estupa es que se puede acceder a las plataformas circulares que dan a la cúpula y pasear por allí hasta prácticamente tocar el pináculo sagrado, cosa que, en otras estupas, no es normal.

Mientras nosotros estuvimos allí, tuvimos la suerte de coincidir con la visita de un Lama al recinto. Nuestro guía averiguó quien era, pero no me lo apunté y no os sabría decir su nombre, pero era un pez gordo del budismo porque había mucha expectación.

 

Mientras esperábamos su llegada, varios monjes tibetanos, ataviados con sus mejores galas y unos sombreros trompeteros fantásticos, hicieron un precioso mandala en el suelo con flores naranjas y engalanaron una capilla, también con increíbles guirnaldas de flores de un intenso color amarillo y naranja.

De pronto, llegó en un coche rojo que aparcó justo delante de esa capilla y del cual bajó un monje (el Lama) al que cubrieron rápidamente con una sombrilla ricamente decorada. Se metió en esa capilla y estuvo un rato rezando. Seguidamente, el Lama salió de la capilla, pasó por encima del mandala, destrozándolo, y subió las escaleras del Tamchen Gompa, para meterse en su interior. En ese momento, todos los monjes que estaban esperando, le siguieron y se metieron también en el pequeño templo. Nosotros estábamos allí, en medio de todo aquel gentío, intentando entender que pasaba y tratando de no molestar mucho. Todas las miradas de los monjes y las pequeñas interacciones que tuvimos con ellos fueron de muy buen rollo, todos sonreían y se mostraban acogedores. Incluso nos invitaron a entrar al templo para presenciar la sesión de rezos del Lama, cosa que hicimos encantados.

Fue como meterse en la película del “Siete años en el Tibet”, había varias trompetas gigantes sonando ruidosamente, murmullos en forma de mantras, incienso, humaredas… todos sentados en el suelo, con el Lama en un estrato superior, meditando. Fue un momento muy auténtico, los únicos occidentales en aquel recinto éramos mi mujer y yo…

 

Salimos antes de que se terminara la ceremonia e hicimos rodar el molinillo gigante que hay a un lado de la entrada del Tamchen Gompa. Estuvimos observando la estupa desde el balcón elevado de este templo. Otro elemento que destaca en la estupa son la cantidad de banderas de oración que hay, desde aquí se veía una selva de banderas impresionante. El efecto era precioso.

Estuvimos un rato más deambulando por allí y respirando el ambiente tan bonito que había. Seguidamente fuimos a una tiendecita de artesanía que ofrecía mandalas hechos a mano. Estuvimos rebuscando entre su stock y encontramos uno que nos gustó mucho y lo compramos.

 

La visita de la estupa de Boudhanath es una de las visitas más recomendables cuando se viaja a Katmandú.

8. Pashupatinath

Esta es, sin duda, la visita más impactante de Katmandú. Se trata del templo hindú más importante del mundo dedicado a Shiva (y hay unos 250…). El templo en sí, a pesar de ser uno de los más antiguos de la ciudad, y alojar el sagrado shivalingam (falo de Shiva), no es diferente a otros; tiene forma de pagoda nepalí y su techo tiene dos niveles decorados con intensos dorados. Lo extraordinario de este recinto es que está ubicado a orillas del río Bagmati. Este río, afluente del Ganges, recorre todo el Valle de Katmandú y es sagrado tanto para budistas como para hindúes.

 

Aquí, en los ghats de Pashupatinah se hacen las cremaciones, al igual que en Varanasi (India), de los cuerpos que han sido abandonados por sus almas, para devolverlos a la madre tierra, en forma de cenizas, a través de las aguas sagradas del río Bagmati.

Nuestro guía nos llevó directamente a la vertiente que se encuentra al otro lado del río del templo. Desde aquí, las vistas del recinto son fantásticas y permite ver la ceremonia de la cremación desde una distancia prudente y respetuosa.

 

Para acceder a esta zona elevada tuvimos que subir unas escaleras anchas llenas de monos, muchos de ellos se perseguían y se peleaban, ajenos al misticismo del lugar. También vimos muchos “sadhus” o santones, con sus rastas y sus cuerpos escuálidos y pintarrajeados. Nos explicaron que merodean por aquí en busca de limosnas a cambio de bendiciones. Yo me senté con uno de ellos un rato, para ver si hacíamos migas, pero no nos entendimos muy bien… Más arriba había una pequeña capilla con 4 “sadhus” pintados y maquillados, como si fueran a hacer una función de circo, muy graciosos. Mi mujer se sentó en medio de ellos y le hice alguna foto divertida.

Finalmente nos detuvimos en unas gradas de piedra que dan al río, donde estuvimos un buen rato observando las cremaciones. Fueron unos momentos muy intensos, que recordaré toda la vida. Hubieron varias cremaciones mientras nosotros permanecimos allí. Las familias se reúnen en el ghat, en torno al cadáver, los hijos del fallecido se rapan el pelo al cero y las mujeres lloran al difunto. Algunos miembros de la familia lavan el cuerpo con el agua sagrada (y contaminada) del río para purificarlo. Seguidamente, tras varios rituales más, lo ponen encima de la pira y el hijo la enciende. Tras 4 ó 5 horas quemando, el cuerpo se reduce a cenizas y las basan al río. Esta ceremonia, tan trascendental para nosotros, pero tan aparentemente rutinaria para los hindúes, se repite aquí diariamente desde hace miles de años.

Vimos por allí varios niños rebuscando en las aguas putrefactas del río, dicen que trozos de madera que no se han acabado de quemar, para llevarlos a su casa y utilizarlos como combustible.

 

La verdad es que Pashupatinah es una visita impactante, que te deja un poco tocado e impresionado, pero que considero es necesario conocerlo para entender mejor el universo hindú.

¿Qué ver en Bhaktapur?

Para finalizar nuestro programa en Nepal, hicimos una excursión a Bhaktapur. Esta es una población del Valle de Katmandú situada a unos 13 km de Katmandú, aunque no te das cuenta de que sales de una ciudad y entras en otra…

 

Es una ciudad más ordenada y menos caótica que Katmandú. Aquí no hay tantos coches y se respira mejor que en la ciudad vecina. Baktaphur fue entre los siglos XIV y XVI, capital del valle de Katmandú, y conserva edificaciones impresionantes de aquella época.

 

Estos son los puntos fundamentales que no te puedes perder cuando visites Bhaktapur;

9. Plaza Durbar de Bhaktapur

Esta es la plaza principal de Bhaktapur, una plaza rodeada de monumentos, mires por donde mires. A un lado se encuentra el “Palacio de las 55 ventanas”, un edificio de ladrillo rectangular espectacular, lleno de ventanas de madera ricamente labradas, todas ellas con celosías. Este palacio fue sede de la realeza nepalí hasta 1769. Hoy en día alberga la Galería Nacional de Arte.

Justo al lado de este palacio está la Puerta Dorada, que es la puerta de entrada al recinto del Templo de Taleju. Fuertemente custodiado por varios militares, esta puerta decorada con iconografía metálica hindú y bañada en dorado, resulta impactante. Digna de un cuento de las mil y una noches.

En esta plaza se encuentra, también, la Gran Campana, construida por el último rey Malla de Bhaktapur, Ranajir Malla en el siglo XVIII. Fue construida para homenajear a la diosa Taleju y se utilizaba para avisar a la población cuando se iban a celebrar reuniones.

 

Alrededor de la plaza hay muchos otros pequeños templos hindúes; el templo de Chyasin Mandap, el templo de Siddhi Laxmi, el templo de Shiva (Fasi-dega), el templo de Vatsala, el templo de Bhandarkhal, el templo de Chatu Brahma Mahavihar, el templo de Indrayani, el templo de Balakhu Ganesh, el templo de Tripura-sundari y el de Char Dham. Como veis, es un punto importante de la ciudad…

10. Plaza Taumadhi

Esta es, para mi, la plaza más espectacular de la ciudad. Al llegar te encuentras con la pagoda Nyatapola, la más alta de Nepal, con 5 pisos y unas escaleras casi verticales espectaculares. Esta pagoda está dedicada a la diosa Lakshmi y fue construida en el 1702. No sufrió grandes daños en el terremoto del 2015 y aún hoy se puede visitar ascendiendo la escalinata hasta el templo, allá en lo alto.

La escalinata, que es casi tan espectacular como la pagoda, está custodiada por enormes estatuas de casi 2 metros de piedra. Encontrareis a 2 figuras humanas que representan a las 2 mujeres de Rajput, Jaimal y Pata. Un par de elefantes, un par de leones, un par de grifos mitológicos y un par de diosas tántricas, Singhini y Toyahagrini.

Desde lo alto se obtienen unas buenas vistas de la plaza y al fondo de las montañas. Estuvimos un rato allí contemplando el ambiente. Finalizada la visita, fuimos a comer a un restaurante situado en la misma plaza, es un edificio en forma de pagoda, con unas vistas directas a esta pagoda de Nyatapola espectaculares. Comimos gyozas de carne, una de las comidas típicas de Katmandú.

 

En la plaza también se encuentra el templo de Bhairava, un edificio en forma de pagoda con 3 niveles. Muy bonito y grande. Este templo está dedicado a Bhairav, una representación terrorífica de Shiva.

Justo al lado de la Plaza Taumadhi encontraremos la plaza de la cerámica o Pottery Square. Podréis ver extendido por el suelo, todas las vasijas secándose al sol. También los diferentes hornos donde se cuecen las piezas y las tiendas donde se venden las cerámicas. Pasear por aquí es como hacer un viaje a la Edad Media, este es un auténtico barrio gremial dedicado a la cerámica artesanal. Allí todo el mundo vive de este oficio y se trabaja de forma totalmente artesanal. Estuvimos dando una vuelta por allí, fue muy agradable.

Finalmente nos perdimos por las callejuelas y visitamos varios templos hindús. Nos resultó graciosa la explicación de que todo el mundo que llega a rezar a cualquier templo, tiene que hacer sonar la campanilla que hay a la entrada de estos, como avisando al dios de que hay alguien y que le tiene que atender, o como despertando a la divinidad de turno de su siesta para atender a los fieles…

Entramos también en una tiendecita que anunciaba masajes con vasos tántricos. A mi mujer le gustan mucho todo este tipo de masajes y tratamientos, y aceptó la prueba que le ofreció el muchacho de la tienda. Pili se sentó en una silla y el chico fue golpeando el aparato para que vibrase y transmitiese sus propiedades en la zona afectada del cuerpo. Parece que este sistema milenario es bastante efectivo, mi mujer lo puede certificar.

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