Viaje a la India - Rajastán y Uttar Pradesh

El 28 de noviembre de 2017 fue un día de traslados. Pronto por la mañana tomamos un vuelo que nos llevó de Katmandú a Delhi. Allí tuvimos que hacer el control de aduanas. Había gestionado yo mismo los visados online de entrada a India, todo fue bien, afortunadamente… En el aeropuerto de Delhi nos estaba esperando de sorpresa Vishwas, mi socio en India, ¡qué alegría verlo!, siempre nos vemos en Madrid o Barcelona ¡y esta vez nos encontrábamos en su cancha!. Estuvimos tomando algo en una cafetería del aeropuerto y poniéndonos al día de nuestras vidas. Vishwas es un tipo fantástico, lo conozco desde hace ya más de 15 años. Siempre he confiado en él para organizar mis viajes a la India porque tiene un equipo fantástico, super efectivo y profesional y siempre han salido redondos.

 

Vishwas es el fundador de la peña del Barça de Delhi. Es un fanático del fútbol y un enamorado de Barcelona. Siempre que viene a Barcelona, y lo hace varias veces al año, va a ver partidos al Camp Nou, es su perdición. Incluso, estando en India, sigue los partidos del Barça y siempre que meten un gol o ganan un partido importante nos manda whatsupps celebrándolo…

 

Como he comentado al principio de este artículo, en el 2011 estuve con mi mujer en India del Sur invitado por Vishwas en la celebración del 15 aniversario de su empresa turística. Montó un tinglado de una semana para, debíamos ser unas 50 ó 60 personas, espectacular. Estuvimos en Kerala y, además de navegar por los “backwaters” o canales en “houseboats”, una experiencia alucinante, hicimos safaris, visitas culturales, nos dieron masajes, cenas temáticas; gastronómicas, de disfraces, de teatro, concierto de música katakali, nos dieron regalos, hicimos largas tertúlias en terrazas de hoteles coloniales, cenas a la luz de la luna, etc. Fue una experiencia increíble y le estamos super agradecidos de que contase con nosotros. Tanto a Vishwas como a Dipesh, el contacto en Barcelona, les tengo mucho aprecio y es gente a la que valoro mucho.

 

Tras charlar un rato con Vishwas, nos volvimos a despedir y tomamos un vuelo con destino Jaipur. Quería plantarme en la capital del Rajasthan directamente para no perder tiempo, no nos sobraba… 

Al llegar a Jaipur nos estaba esperando el que sería nuestro chófer durante la próxima semana, Sansar. Solo vernos, nos colocó un collar de flores precioso, fresco y super oloroso a cada uno. Solo con eso ya se ganó, de entrada, a Pili. Nos mostró el vehículo con el que íbamos a viajar, un monovolumen amplio y super cómodo; con wifi, aire acondicionado, una neverita con aguas y toallitas frescas, algunos snacks y caramelos… vamos, que íbamos a estar de lujo. Sansar se encargó durante todo el viaje, no solo de conducir, sino también de mantener el coche limpio y aseado, pero, además, resultó ser un tipo fantástico, amable, divertido, listo e inteligente. Fue, para nosotros, el chófer perfecto en la India.

 

Para viajar a la India siempre recomiendo hacerlo en privado, con un chófer propio y guías locales de habla hispana. Esta es la forma ideal de viajar a la India. Así, la experiencia es más personal e íntima y se tiene un contacto más directo con la gente. Por otro lado también, se evitan los inconvenientes de un viaje en grupo, a golpe de pito…

Ese día llegamos a nuestro hotel tipo “heritage” el Mandawa Haveli. Un hotel de estilo hindú, con reminiscencias coloniales. El establecimiento está bastante bien, las habitaciones son super espaciosas, las camas altas, con dosel, el baño enorme, con ducha y bañera. El hotel es un poco laberíntico; hay salas de té con fotos antiguas de la época colonial inglesa y de algunos nobles indios. Una buena piscina y unos jardines agradables. No es un hotel de lujo y quizás tampoco sea un 5*, pero es agradable y confortable.

¿Qué ver en Jaipur?

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Templo de Birla Mandir

 

Esa tarde estuvimos durante un rato acomodándonos en el hotel, pero tuvimos tiempo de hacer una visita a un templo hindú al atardecer. Llegamos con la puesta de sol al templo de Birla Mandir o Lakshmi Narayan, un templo dedicado a Vishnu, construido todo con mármol blanco, incluso el suelo. Relucía en la noche ya que además de su blancura natural, estaba iluminado.

 

Nos descalzamos al entrar al recinto. Había mucha gente, mucha vida. Entramos al interior del templo y se estaba celebrando una ceremonia. El interior es, también, imponente. Nos sorprendió que hubiera, además de deidades hindús, representaciones de Jesucristo, la Virgen Maria, Buda y otros personajes religiosos. Empezábamos a darnos cuenta, ya en Nepal vimos muestras, de que el hinduismo es una religión muy abierta, que convive en armonía con otras religiones, sin problemas, y aquí lo pudimos certificar.

 

El templo es relativamente moderno, se ve muy bien conservado. Nos gustó mucho este templo, fue una sorpresa agradable.

Esa noche fuimos a cenar al hotel Shahpura House, una delicia de hotel. Durante este viaje a la India hicimos varias inspecciones de hoteles, para conocerlos mejor y poder recomendarlos a nuestros clientes. Os iremos comentando a lo largo de la crónica.

 

El Hotel Shahpura House es un auténtico “heritage”. Un antiguo palacio o mansión de un noble indio. Todo el hotel está decorado al estilo indio, pero en plan de lujo, conservando su pedigrée. Sin dudarlo, es un hotel que, además de ofrecerte todas las comodidades, te introduce directamente en la magia de este país. Es, para mi, una de las mejores opciones de hotel en Jaipur.

Estuvimos cenando en la terraza del hotel. Una terraza con vistas a la ciudad, a la luz de las velas y con música y bailes tradicionales indios relajados. Fue, super agradable. Pili estaba encantada en aquel ambiente, relajada y en plan super romántico. También he de deciros que, durante este viaje, Pili se ha releído el libro de “Pasión India” de Javier Moro. Es la historia de Anita Delgado, una joven andaluza de principios del siglo XX, de quien se enamoró el Maharaja de Kapurthala. Se casaron y en el libro cuenta toda su historia, apasionante e interesantísima vida la de esta chica, una historia real…

 

Nuestro primer día en Jaipur, la llamada “ciudad rosa”, había sido muy interesante. Nos fuimos a dormir a nuestro hotel heritage, como si fuéramos los invitados de un maharajá.

Hawa Mahal ó Palacio de los Vientos

 

Esta es una de las postales más populares de la ciudad. Se trata de una fachada espectacular, que formaba parte del Palacio de la ciudad. Correspondía a la zona del harén, donde vivían las mujeres del maharajá y por donde estas podían asomarse para ver la calle y distraerse un rato. Hoy en día, el interior está vacío, la visita solo vale la pena por las vistas. La fachada es, como digo, una maravilla. Me gusta mucho el estilo indio de muchos edificios porque son muy diferentes a los occidentales. Tienen sus propias normas estéticas y me resultan originales y muy exóticas. Esta fachada es todo un ejemplo de lo que os digo.

 

Se trata de una fachada con 953 ventanas pequeñas, para que las mujeres del maharajá no fueran vistas desde el exterior. El efecto de todas juntas parece la cola de un pavo real. Esta es una de las teorías que se baraja para tratar de definir lo que representa. La otra teoría dice que es una corona. La verdad es que no importa lo que sea, es una construcción única.

 

En frente del Hawa Mahal hay un mercado local, Siredeori Bazaar, muy animado ya a esas horas de la mañana.

Fuerte Amber

 

Se le llaman “Fort” (en español Fuerte) a las fortificaciones amuralladas, generalmente palacios o edificios señoriales que se encuentran en muchas poblaciones del Rajasthan indio. Amber, una población a las afueras de Jaipur, tiene uno de los fuertes más bonitos y espectaculares de la India. Es también, uno de los más populares y turísticos, pero vale la pena conocerlo.

 

Este tipo de fortificaciones, generalmente están situados en montículos elevados, para dominar el terreno. Hasta hace poco, a este fuerte de Amber, se podía subir por la rampa serpenteante de unos 600 m. a lomos de un elefante. El efecto era impresionante, imaginaros ver unos 200 elefantes, medio pintados, subir en fila hacia la entrada del palacio. Era una caravana constante… un espectáculo de película. Afortunadamente y por muy bonito que fuera, hoy en día esta práctica se ha prohibido en favor de la salud y la dignidad de los paquidermos. Ahora, ese trayecto se cubre caminando o en jeep descapotable.

Cuando nosotros estuvimos por allí, aún funcionaba el sistema de los elefantes y subimos a lomos de un enorme ejemplar. Si aquella bestia se hubiera revelado contra su domador, no hubiera dejado títere con cabeza. Me parece increíble, que en un país como la India, que considera dioses a todos los animales de la faz de la tierra, tratasen como esclavos a los elefantes. Es más, este animal es representado en el Olimpo hindú por uno de los más importantes dioses, Ganesha… ¿es que las divisas turísticas son más poderosas que los valores religiosos en este país?

 

En fin, entramos al fuerte por la puerta principal y bajamos del elefante en el patio interior, un espacio amplio que hace de distribuidor de las diferentes estancias del palacio.

La construcción del fuerte fue iniciada en 1592 por el marajá Man Singh, comandante rajputa del ejército de Akbar, y ampliada luego por los Jai Singhs antes de desplazarse a Jaipur. El fuerte ilustra a la perfección el arte rajputa en sus tonalidades rosas y rojizas.

 

Dentro del fuerte hay diferentes estancias, pudimos recorrerlas todas y nos quedaos maravillados con sus decoraciones, sus detalles ornamentales y su riqueza. Pudimos ver el templo de Kali, la Diwan-i-Am o sala de Audiencia Pública, con una hilera doble de columnas y galerías de celosía. Los apartamentos del marajá, la Jai Mandir o Sala de la Victoria, destaca por sus paneles incrustados y espejos en el techo. Sukh Niwas o Sala de Placer, con una puerta sándalo con incrustaciones de marfil y un canal que antaño surtía de agua fresca la sala. Desde aquí se obtienen magníficas vistas de las murallas del palacio y del lago situado debajo. Los zenana o gineceos, rodean el cuarto patio, conectado por un pasillo para las discretas visitas nocturnas del marajá. Es, en definitiva, un palacio de cuento, una visita magnífica y super recomendable.

Jal Mahal ó Palacio del Agua

 

Ya de regreso de nuevo a Jaipur, desde la carretera se puede ver el precioso Jal Mahal. Se trata de un palacio de estilo mogol rajput, construido en medio de del lago Man Sagar en el siglo XVIII. El palacio actualmente está abandonado y solo se puede acceder mediante una embarcación. No se puede visitar. Estuvimos viéndolo desde lejos, que lástima de construcción, se ve muy bonito. Seguro que cuando lo descubra algún hotelero importante lo compra para montar allí un hotel de lujo.

Jantar Mantar

 

El Jantar Mantar es una “rara avis”, nunca, antes, me había encontrado con algo similar, ni había oído hablar de nada parecido. Se trata de un observatorio que a primera vista parece un conjunto de enormes y extrañas esculturas, es como entrar en la película de “Alicia en el País de las Maravillas”, o el Kennedy Space Center de la NASA del siglo XVII. El guía nos estuvo explicando, uno a uno, el funcionamiento de cada aparato y como, observando, anotando, y calculando meticulosamente, Jai Singh, medía el tiempo según el lugar donde la sombra del sol caía sobre los enormes relojes de sol, y seguía el ciclo natural a través del zodiaco. Cada aparato tiene un objetivo específico, como el cálculo de los eclipses. 

El instrumento más espectacular y delirante es el reloj de sol, con un gnomon de 27 metros de altura; su sombra se desplaza hasta 4 metros en por hora. Mientras estuvimos visitando este parque astronómico, coincidimos con muchos grupos escolares. Los niños y las niñas iban vestidos de uniforme y alborotaban por allí a sus anchas, como cuando en nuestro país se van nuestros niños de excursión.

Palacio de la Ciudad

 

Esta fue una visita que a priori me daba un poco de pereza hacer. Ya llevábamos danzando desde hacía unas horas y el calor apretaba de lo lindo, pero gracias a dios, tuve fuerzas para hacerla. ¡Me encantó!, me pareció un palacio espectacular, además, bien conservado e ilustrado con fotografías antiguas de los marajás de Jaipur. Me quedé impresionado cuando me dijeron que actualmente sigue existiendo un maharajá de Jaipur. Se trata de un joven de 25 años que vive en Londres y que va a menudo a la India… se llama Sawai Padmanabh Singh.

 

Este impresionante palacio, mezcla de arquitectura rajastaní y mogola, es un enorme complejo de patios, jardines y edificios. Aquí se encuentra la residencial del marajá (cerrada al público). También está el Museo del Marajá Sawai Mansingh II, donde se muestra una colección de los vestidos que llevaban los marajás y las maharanís. Destaca el vestuario de Sawai Mansingh I, que medía 2 metros y pesaba 250 kilos… había algunas fotos de este personaje por allí, y era imponente. Dicen que tuvo 108 esposas… Estábamos descubriendo muchas cosas sobre el mundo de los marajás, estaba siendo muy interesante.

Otra de las salas que nos parecieron increíbles fue la armería. Varias salas nobles llenas a rebosar de todas las modalidades de armas que utilizaban en aquella época; de guerra, de caza, ceremoniales, de adorno, de tortura, etc. Había algunas armas experimentales divertidas.

 

También visitamos el Diwan-i-Am o sala de audiencia pública y el Diwan-i-Khas, o sala de audiencia privada. Una de las cosas más espectaculares del palacio son las puertas del patio Pitam Niwas Chowk, que representan las cuatro estaciones, y sobre todo los espléndidos bajorrelieves de la puerta del pavo real. La decoración es fantástica, no tiene desperdicio.

 

Estuvimos también haciéndonos fotos con los guardias del palacio, que vestían unos trajes rojos con turbante, muy bonitos.

Ese día fuimos a comer al Trident Hotel Jaipur, un hotel espectacular, con unas instalaciones fantásticas, enorme y amplio. Con jardines y una piscina maravillosa. Esta es una opción perfecta para clientes exigentes. En la India es importante alojarse en buenos hoteles, que hagan la función de oasis y que te aíslen del caos del exterior. Éste hotel es un oasis perfecto.

Bazar Siredeori

Por la tarde estuvimos paseando por uno de los bazares más importantes de la ciudad. Me gustó mucho porque no vi ninguna tienda de souvenirs. Todo, allí, eran puestos de productos consumidos por los habitantes de la ciudad de Jaipur; frutas y verduras, chatarrerías, especias, máquinas de coser, ropas hindúes, pequeños talleres de tinte, puestos de collares de flores, cereales, tiendecitas de utensilios para cocinar, etc. Era una amalgama de colores y vida fantástico. Me pareció un mercado anclado en el tiempo, en una época en la que no existía todavía internet… ni electricidad se podría decir… 

Cuando paseo por un mercado de este tipo, hay muchos por los países musulmanes, me gusta ver los rostros de la gente, hay algunos que bien retratados o pintados serían obras maestras. Disfrutamos mucho del paseo por este bazar. Hay que decir también, que como las tiendecitas están al lado de la carretera, el ruido de los coches y los rickshaws bocineándo constantemente es estresante. Esto es una de las cosas que peor llevé durante nuestro viaje a la India, el ruido de las bocinas. Es curioso el uso que hacen de este aparato tan molesto. Los conductores no lo utilizan para recriminar alguna acción de otro conductor, sino que lo utilizan para avisar de su presencia a los conductores que tienen a sus alrededores y claro, aquello es un constante concierto de bocinas… como en una celebración del Barça, cuando gana alguna copa importante…

Se terminaba nuestro tiempo en Jaipur. Venía con referencias de que era una ciudad muy turística, ya que forma parte del triángulo dorado de la India (Delhi, Jaipur y Agra), pero no me lo pareció, desde luego, no lo es como las grandes ciudades europeas, que hoy en día están a reventar de gente. Jaipur, seguramente, en épocas vacacionales, no en noviembre como viajamos nosotros, debe haber mucha más gente, pero siempre he pensado que el turismo va donde hay cosas interesantes para conocer y Jaipur tiene varias joyas muy recomendables.

 

Al día siguiente nos pusimos en marcha hacia Pushkar, pero antes, de camino, hicimos una paradita en Ajmer, una población de mayoría musulmana. 

¿Qué ver en Ajmer?

Esta bulliciosa y acogedora ciudad se sitúa junto al lago Ana Sagar y está rodeada de puntiagudas colinas de tonos azulados. 

Templo Rojo

 

Entrando a la ciudad vimos este impresionante edificio de color rojizo y estilo jainí mongol. No hicimos la visita de su interior, que actualmente conserva una maqueta dorada que ilustra el viejo mundo según la cosmovisión jainí.

Dargah o Sepúlcro de Khwaja Muin-al-Din Christi

 

Fuimos directamente a visitar el “dargah”. Sansar nos dejó a unos 500 metros de la mezquita y nos dijo que debíamos ir nosotros solos a visitarla. En Ajmer no hay guía local que nos explicase nada, era una visita por libre. El centro de la ciudad estaba muy degradado y sucio, no estaba asfaltado y las calles estaban llenas de suciedad. Había, como en general, en todas las ciudades de la India, animales variados; vacas, cerdos, gallinas, monos, todos merodeando por allí sin ningún control. Caminamos por una zona un poco más civilizada, con tiendas de ropa (moda local), había mucha gente y las calles estaban adornadas con guirnaldas y luces. Finalmente llegamos a la puerta del mausoleo.

 

Este mausoleo es uno de los centros de peregrinaje musulmán más importante de la India. El dargah es el sepulcro del santo sufí Khwaja Muin-al-Din Christi, que llegó a Ajmer desde Persia en 1192 y vivió en la ciudad hasta 1233. La construcción del mausoleo fue finalizada por el segundo emperador mongol, Humayun, mientras que la puerta fue añadida por el nizam (soberano de Hyderabad). Akbar, el más grande de los monarcas mongoles, solía peregrinar aquí cada año desde Agra.

La cuestión es que el mausoleo estaba a reventar de gente. Se amontonó allí, en la entrada, una multitud que no nos gustó nada. Además, en la puerta de entrada nos dijeron que no podíamos entrar la cámara de fotos. No quisimos dejársela a aquellos guardianes porque aquello era un caos y seguramente la hubieran perdido. Tampoco quisimos entrar separados, mi mujer primero y yo después, porque nos vimos un poco intimidados por la multitud, así que decidimos no entrar. Nos dimos una vuelta por el bazar que rodeaba la mezquita, un mercadillo típico musulmán, con puestos de comida, helados artesanos, frituras, etc. 

 

Finalmente regresamos a donde Sansar nos había dejado y continuamos ruta hacia Pushkar. Atravesamos un pequeño puerto de montaña, Nag Pahar (Montaña de la Serpiente), que estaba lleno de monos y vacas. Nos dijo Sansar que, por allí, alguna vez se le había cruzado algún leopardo…

¿Qué ver en Pushkar?

Cuenta el poema épico que Brahma dejó caer una flor de loto en la tierra, y surgió Pushkar. Este centro de peregrinaje hindú es un lugar mágico en medio del desierto, con uno de los pocos templos de Brahma en el mundo. Hileras de pequeños ghats sagrados bordean un lago de místico magnetismo, donde cientos de templos de colores pastel y cúpulas marcadas por la intemperie se extienden bajo un cielo inestable de color gris claro.

Si lo quieres fácil y seguro, aquí tienes varias opciones de excursiones y visitas en Pushkar

Templo de Savitri

 

Lo primero que hicimos al llegar a Pushkar, ya que era relativamente pronto, fue subir al templo de Savitri, un templo al que se puede acceder caminando (hay unas escaleras y un desnivel importante), pero al que nosotros preferimos subir en un rudimentario funicular. Había muy poca gente y las vistas que hay desde lo alto son impresionantes y preciosas. Se ve toda la villa, con el pequeño lago sagrado en medio. Nos hicimos una buena idea de lo que teníamos que visitar esta tarde. Arriba, además de manadas de monos, se encuentra el templito en honor a la diosa Savitri. Cuenta la leyenda que esta diosa es una mujer fuerte que representa lo femenino y lo sagrado. Es hija de Suria, el dios del Sol y la primera esposa de Brahma, el dios de las cuatro cabezas, creador del Universo. Estuvimos un rato contemplando las panorámicas de Pushkar y alrededores. 

Nosotros llegamos una semana después de que se hubiera celebrado la feria. Todavía se veían algunas caravanas que se habían quedado por aquí rezagadas, en el recinto donde se reúne a todas las bestias, un espacio polvoriento.

 

Si alguna vez queréis coincidir con la Feria del Camello, conviene reservar alojamiento con mucho tiempo de antelación. Nosotros estuvimos alojados en el Hotel Dera Masuda, un hotel moderno, tipo resort, a las afueras de Pushkar. La única opción, si queréis alojaros en un establecimiento de nueva construcción es hacerlo fuera de la ciudad. Todos los hoteles y heritage del centro de la ciudad son antiguos.

 

Después de relajarnos un rato en la piscina del hotel, fuimos al centro de Pushkar. Sansar nos dejó en el Hotel Pushkar Palace, un histórico de la ciudad, en pleno centro.

Ghats de Pushkar

 

Alrededor del lago sagrado hay 52 ghats donde los peregrinos se bañan para purificar sus cuerpos. Algunos de estos ghats son de especial importancia; cuenta la leyenda que Visnu se apareció en el Varah Ghat bajo la forma de un jabalí… Brahma se bañó en el Brhama Ghat y las cenizas de Gandhi se esparcieron desde el Gandhi Ghat. Estuvimos paseando por alguno de estos ghats. No había casi nadie, solo se veían algunas pocas personas rezando. El ambiente era de pura tranquilidad, una quietud casi mística.

Bazar y templo de Brahma

 

Decidimos ir caminando al templo de Brahma, que nos dijeron, estaba al final del bazar. Este mercadillo de productos locales se extiende por la parte trasera de los ghats. Fuimos caminando tranquilamente, viendo todos los tenderetes y pequeñas tiendecitas, y de vez en cuando, asomándonos al lago, para ver los diferentes ghats. El mercado no se terminaba nunca… estuvimos caminando alrededor de una hora y aún no habíamos llegado al templo. Hubo una zona donde había varios garitos con música india moderna en plan tecnológica, chocaba mucho con el ambiente relajado del resto de la ciudad…

Finalmente llegamos al templo de Brahma, allí sí había bastante gente. Cuenta la leyenda que Brahma quería llevar a cabo una yagna (mortificación) en el lago, y como su esposa Savitri no acudió, se casó con otra mujer. Savitri, comprensiblemente molesta, juró que Brahma no sería venerado en ningún otro lugar. La entrada al templo está marcada por una espiral roja y tiene la hans (oca simbólica) de Brahma.

 

No nos dejaron entrar con la cámara al templo, pero en esta ocasión, como aquello estaba tranquilo, hicimos turnos para visitarlo, primero entró mi mujer y luego yo. El templo no es gran cosa a nivel arquitectónico, pero si tiene un encanto especial y un colorido espectacular; es una mezcla de rojo y azul pastel. Recuerdo que, al entrar, me descalcé y pude ver mucha gente rezando. Un tipo de mediana edad me hizo de guía, y me enseñó todas las estancias y capillas del templo. En todas había figuras de diferentes dioses, con ofrendas de flores y polvos de colores. En todos los templos de la India, las estatuas están hechas polvo, sucias y hechas un desastre por todos estos pequeños rituales que hacen los creyentes, pero eso es, parte del encanto de esta religión y de este país. La religión forma parte de la vida de la gente. No se concibe la vida sin rezar o hacer estos ritos religiosos. En Europa, cada vez se deja más de lado a la religión, en cambio aquí, está presente en todos los aspectos de la vida.

 

Al salir del templo le di una propinilla al tipo aquel porque me había enseñado muy bien el templo de Brahma.

Regresamos, de nuevo caminando por el bazar, sorteando vacas que se movían perezosamente y motos, que lo hacían nerviosamente, al punto de partida. Vimos, asomarse por una puerta, un templo hindú, el llamado Sri Rama Vaikunth, de aquellos con una especie de torre recargada con estatuas de dioses, impresionante. Este templo está dedicado al Señor Rama, una de las encarnaciones de Vishnu, para que veáis por donde va el tema de los dioses en la India… no solo hay dioses, sino que además hay diferentes reencarnaciones de dioses… ya dicen que el hinduismo venera a miles de deidades diferentes…

Finalmente llegamos al Hotel Pushkar Palace. Estuvimos contemplando la puesta de sol sobre el lago sagrado ¡Fue maravillosa! Recuerdo estar allí sentado, en silencio, viendo caer la luz. Viendo como algún hindú se bañaba en aquellas aguas de dudosa salubridad… y varias vacas por allí merodeando, por cierto, una de ellas, me embistió, me dio un cabezazo en mi culo que vi las estrellas, claro que yo le estuve molestando un rato, me lo merezco, ya me habían advertido de que aquí, las vacas son intocables.

Después de este momento mágico en los ghats de Pushkar, hicimos una inspección del hotel Pushkar Palace. Este es un auténtico clásico de la ciudad. El hotel ya está vejete, pero eso es parte de su encanto. La ubicación es impresionante, justo delante del lago sagrado, así que es inmejorable. Las habitaciones son amplias, con camas altas hindúes con dosel y los baños completos. Un poco anticuado, pero bien conservado y con un pedigree fantástico. Estuvimos cenando en la terraza del hotel, con unas vistas maravillosas del lago, parcialmente iluminado.

Nuestra estancia en Pushkar nos había encantado. Nos enamoramos de esta pequeña ciudad, encantadora, tranquila, mística y romántica. Una advertencia, como la ciudad es sagrada, aquí no se puede beber alcohol.

 

Al día siguiente nos tocaba madrugar ya que teníamos 250 km por delante. Nos íbamos de safari al Parque Nacional de Ranthambore, ¡a ver tigres de Bengala!. Teníamos que estar allí a una hora prudente, para poder hacer una primera salida de safari, así que nos pusimos en marcha prontito. El trayecto duró unas 5 horas. Llegamos a nuestro hotel Ranthambore Regency, donde nos estaba esperando un pez gordo del parque. Era el jefe de los guías del parque, un tal Mohammed, un tipo fortachón, serio y con un poco de aires de grandeza. 

¿Cómo es la excursión para ver tigres en Ranthambore?

El guía nos apremió para que dejásemos las maletas en nuestra habitación. Nos dimos prisa y de nuevo nos montamos, esta vez, en un vehículo de safari descapotable, Pili y yo solos con Mohammed y un chófer. Para llegar a la entrada del parque aún tuvimos que recorrer un trayecto de unos 25 minutos.

 

El parque Nacional de Ranthambore es el único parque del Rajasthan donde se pueden ver tigres en su hábitat natural. Este parque ocupa 1.334 kilómetros cuadrados de maleza selvática limitada por relieves rocosos. En el centro del parque se encuentra el fuerte de Ranthambore, del siglo X, rodeado de un reguero de antiguos templos y mezquitas. El parque fue territorio de caza de un marajá hasta 1970, curiosamente, 15 años después se convirtió en reserva.

 

Ranthambore está dividido en secciones. A cada coche, por la mañana, se le asigna una sección en concreto, según el orden de llegada. Esto se hace para distribuir a los visitantes por toda el área del parque y que de esta manera no se amontonen todos en una sola zona. El acceso está muy restringido y solo se permiten 15 todoterrenos (con capacidad para 5 personas) y 15 camionetas (con capacidad para unas 15 personas) circulando a la vez por el parque.

 

La población de tigres ha aumentado en los últimos años, de 15 ejemplares en 2006, ha pasado a 70 en 2020. Los proyectos de recuperación están teniendo éxito, al fin. Los safaris son un negocio lucrativo que pueden dinamizar la región y han decidido apostar firmemente por ello. 

 

La mejor época para ver tigres en Ranthambore es de octubre a abril, cuando se han terminado las lluvias. Y la mejor hora para verlos es temprano por la mañana o a última hora de la tarde, cuando el calor del sol no es tan fuerte. A esas horas es cuando los tigres suelen verse rondar, de todas maneras, verlos es difícil y si se llega a avistar alguno, os podeis considerar afortunados. 

Nosotros fuimos rápidamente al sector C, si no recuerdo mal. Entramos al parque por una puerta de estilo arabesca antigua y fuimos directos, sin pararnos si quiera para observar los cervatillos que se veían por allí. El chofer iba lanzado, a toda velocidad. Pili y yo flipamos un poco, pero Mohammed solo hacía que apremiar al chofer. Traté de preguntarle a Mohammed porque no parábamos a ver un poco el paisaje, que era precioso, pero me hizo un gesto, como queriendo decir; “esto no es interesante, adelante, adelante”. Me imaginé, que le habían chivado por radio que había algún tigre en algún determinado lugar…. Y así fue… de repente, en medio de la pista de tierra vimos un magnífico ejemplar sentado, nos daba la espalda. El chofer paró el jeep. 

Aunque estos tigres están acostumbrados a la presencia de coches y humanos, es mejor parar el coche para no molestarles con el ruido del motor. ¡qué maravilla de animal!, qué bonito es y que poderoso… Estuvimos un rato observándolo, se levantó perezosamente y camino hacia unos matorrales. Estuvimos persiguiéndolo discretamente con el coche. Llegaron varios coches más. El chofer se adelantó y perdimos de vista el tigre, pero de repente, apareció justo delante nuestro, de frente. Se sentó a unos 6 metros nuestro, impasible, como si no existiéramos. Estuvo lamiéndose las patas un rato y mostrándonos sus enormes fauces con varios bostezos.

 

Me acordé de la película de La Vida de Pi, cuando el padre de este le advierte de que los tigres, no son sus amigos, son animales salvajes y no piensan racionalmente, tan solo ve proyectados sus sentimientos en los ojos del tigre… ¡Qué gran película!

 

De pronto el tigre vino hacia nuestro coche, estábamos descapotados y pasó, literalmente, rozándonos. Fue un momento tenso, la bestia hubiera podido saltar sobre nosotros y destrozarnos… Yo, en ese momento traté de grabar el acercamiento, pero con los nervios, más tarde me di cuenta de que no había apretado bien el botoncito rojo… que rabia me da no tener ese momento grabado, tanta como cuando perdí la oportunidad de hacerme un selfie con Charles Barkley, allá por el 92, cuando el Dream Team estuvo paseándose por Barcelona.

Mohammed había acertado de pleno en el sitio y la hora donde avistar al tigre. Sinceramente, me habían advertido de que era muy difícil ver a este gran felino. Pili y yo no nos lo creíamos, estábamos emocionados, pero la jornada de safari aún no había terminado. Ya más tranquilamente fuimos a otra zona del parque. Esta vez, si nos paramos a ver los cervatillos que corrían por allí, que me imagino son la comida de los tigres. Y de repente, ¡Otro tigre! Sentado majestuosamente sobre un montículo. Era un ejemplar diferente al que habíamos visto. Creo que este segundo era aún más grande. ¡Impresionante!, además, había una especie de charca donde el tigre debía haber bebido. 

El tigre nos miraba de vez en cuando, con esa mirada amarilla que tienen los grandes felinos, una mirada que me parece salvaje y amenazante. Pero nos mostraba indiferencia total, sabía que no éramos una amenaza. Nos acercamos un poco al tigre, pero no tanto como al primer ejemplar. Estuvimos observándolo durante un rato. Cada mueca o movimiento que hacía era para nosotros un espectáculo. Hasta que se levantó y se metió por los matorrales, entonces, lo perdimos.

 

De regreso al hotel, estaba ya cayendo la luz del sol. Vimos varios ejemplares de ciervos de buen tamaño y pavos reales. Ranthambore es también un paraíso para los amantes del birdwatching, es decir, del avistamiento de aves. Hay aquí, catalogadas, más de 300 especies diferentes.

Llegamos a nuestro hotel resort. El hotel Ranthambore Regency es quizás la mejor opción de alojamiento de la zona. Es una especie de resort pequeño, pero con cierto pedigree. Unas buenas instalaciones, con una piscina magnífica y unas habitaciones similares a las de muchos lodges africanos. Estuve paseándome por los pasillos del hotel, que estaban llenos de fotos de tigres y mapas del parque nacional. Me senté con Pili en una sala para revisar las fotos que habíamos hecho y apareció un tipo, que resultó ser el dueño del hotel. Estuvimos hablando un buen rato sobre el avistamiento de tigres en Ranthambore y sobre el tipo de viajes que organizaba en mi agencia. Fue una agradable conversación.

 

La velada fue amenizada con bailes y música tradicional india, en el jardín, bajo la luz de la luna, las palmeras y una fogata que encendió el personal del hotel.

A la mañana siguiente, hicimos una segunda salida de safari en busca de tigres de Bengala. Nuevamente nos acompañó Mohammed. Fuimos a una zona del parque un poco más alejada y menos selvática que la del día anterior. Los paisajes eran preciosos. Estuvimos dando vueltas durante 3 horas, parando el coche para escuchar el sonido de los pájaros, que muchas veces hacen de chivato cuando hay un tigre por la zona. Mohammed ya nos había advertido de que la primera jornada de safari había sido extraordinaria y que raramente se ven dos tigres diferentes un mismo día, así que, aunque hoy no viéramos tigres, nos debíamos sentir afortunados.

Hubo algún momento en que parecía que podía haber un tigre cerca. El sonido de los pájaros y algunas huellas así lo mostraban. Seguimos estos rastros, pero no hubo suerte. Quizás lo tuvimos cerca, pero estos animales, si quieren, se camuflan muy bien. En fin, esta segunda jornada de safari no tuvimos suerte y no vimos ningún tigre, pero solo por la emoción y el entorno ya valió la pena salir en su búsqueda.

 

Regresamos de nuevo al hotel, donde nos estaba esperando Sansar con nuestro flamante monovolumen. Nos despedimos de Mohammed y le dimos una buena propina.

 

Habíamos disfrutado mucho del Parque Nacional de Ranthambore ¡Habíamos visto tigres de Bengala!, nuestro segundo gran objetivo de este viaje por el Rajasthan y Nepal.

Nuestro siguiente destino era Agra, el hogar del Taj Mahal… Teníamos por delante unas 6 horas de carretera. La distancia no es mucha, tan solo unos 270 km, pero la conducción en la India es lenta, ya que las carreteras son malas y, además, se atraviesan muchas poblaciones donde hay atascos. No nos importaba porque íbamos muy cómodos en nuestro coche privado y el paisaje era interesante.

A una hora de Agra, aproximadamente, nos paramos a comer en un hotel palacio espectacular. Laxmi Vilas Palace Hotel está a las puertas del pequeño Parque Nacional de Keoladeo, un paraíso de las aves. Aquí hay una variedad extraordinaria de avifauna, unas mil especies diferentes (230 residentes), muchas de ellas raras, como la grulla siberiana, en peligro de extinción. El parque fue coto de caza de los marajás de Bharatpur hasta 1850; allí se organizaba anualmente una cacería de patos en honor a los virreyes británicos. En 1971 fue declarado santuario protegido. En 1982 se prohibió el pastizaje dentro del parque, lo que provocó violentas manifestaciones. En 1985 fue declarado Patrimonio de la Humanidad UNESCO.

 

Pudimos ver durante un buen rato, los alrededores del parque, pero no lo visitamos, no teníamos tiempo…

 

Laxmi Vilas Palace Hotel se compone de 2 palacios impresionantes, tanto por sus dimensiones como por su extraordinaria arquitectura. Su estilo es renacimiento indo-sarraceno. Fueron y son aún hoy, la residencia de los marajás de Bharatpur.

 

Comimos en unas salas decoradas como si fueran de las mil y una noches. Seguidamente hicimos una inspección del hotel, nos enseñaron varias suites impresionantes, dignas de una luna de miel de ensueño. La decoración interior es de estilo colonial británico, mucho pedigree se olía por allí. Una piscina preciosa, me dieron unas ganas tremendas de bañarme… una habitación de billar, un campo de golf enorme, verde, bien cuidado… Una maravilla de hotel…

Continuamos nuestra ruta hacia Agra, pero justo antes hicimos una parada en Fatehpur Sikri. Se nos había echado el tiempo encima y solo pudimos hacer una breve visita.

¿Qué ver en Fatehpur Sikri?

Esta magnífica ciudad fantasma fortificada a 40 km de Agra, fue la efímera capital del Imperio Mongol de 1571 a 1585, durante el reinado de Akbar. El emperador fue a Sikri para consultar al santo sufi Shaikh Salim Chirsthi, que predijo el nacimiento de un heredero al trono mongol. Cuando la profecía se cumplió, Akbar construyó aquí su nueva capital, una obra de arte indo-islámica, en una zona escasa de agua, que fue abandonada a la muerte de Akbar. Los edificios palaciegos y la mezquita, todavía activa, están en muy buen estado de conservación y son un magnífico recuerdo de los mongoles en su esplendor arquitectónico.

Jama Masjid y la puerta de la Victoria o Buland Darwaza

 

Esta es la gran mezquita, también conocida como Dargah. La entrada principal es la impresionante Buland Darwaza (Puerta de la Victoria), de 54 metros de altura, la más alta de Asia. Es impresionante subir por la escalinata y ver esta monumental puerta de color rojizo, aquí todo tiene esta tonalidad, lo que hace un efecto fantástico. Nosotros solo pudimos ver esta puerta, no llegamos a tiempo para visitar el interior, me sabe muy mal…

Otros puntos de interés de Fathepur Sikri son; La tumba de Shaikh Salim Christi, el Palacio de Jodh Bai, el Palscio de la Esposa Cristiana, el Birbal Bhavan, el pabellón Manch Mahal usado por las damas de la corte, el Diwan-i-Khas (Salón de Audiencias Privadas), el Diwan-i-Am (Salón de Audiencias Públicas), los caravansarais, el Hiram Minar, de 21 metros de altura, etc.

 

Al final llegamos a Agra. Ya era oscuro, pero había un gran ambiente en la calle. Los mercadillos estaban a tope de gente. Parece que aquí, la gente sale a la calle cuando se va el sol, para evitar el intenso calor del astro rey. Llegamos a nuestro hotel, Jaypee Palace, otro enorme hotel donde se estaba celebrando una boda multitudinaria. Luego, Sansar, nos dijo que estábamos viajando en una época en la cual se celebraban muchas bodas hindúes. El hotel estaba lleno de gente, familias con niños, invitadas a la boda. El jardín, un espacio inmenso, estaba decorado para la celebración. Pili y yo, ajenos a todo aquello, nos fuimos a cenar al restaurante japonés del hotel. La cena fue íntima y excelente.

 

A la mañana siguiente, un 3 de diciembre del 2017, nos levantamos prontito para ir a visitar el Taj Mahal, nuestro tercer gran objetivo de este viaje a India y Nepal.

¿Cómo es la visita del Taj Mahal?

Sansar nos llevó en un corto trayecto hasta la entrada del recinto del Taj Mahal, donde cogimos un pequeño autobús eléctrico que nos llevó unos 500 metros, hasta las taquillas. Esto lo hacen para proteger de polución el entorno de este monumento. Ya en las taquillas, nuestro guía local de Agra, nos validó las entradas y dejamos en las taquillas todas las mochilas que llevábamos. Seguidamente pasamos el control de seguridad (dividido por sexos) y aparecimos en una enorme plaza con jardines a los lados. La mañana era grisácea. Ya veíamos la gran cúpula del Taj Mahal a lo lejos, teníamos los nervios a flor de piel, como unos niños cuando van al circo… La inmensa puerta de entrada al recinto del Taj Mahal es también impresionante, parecida a la Puerta de la Victoria de Fatehpur Sikri, rojiza y con incrustaciones de piedras semipreciosas; coralina, alabastro, jade, onyx, etc. formando finas cenefas, detalles vegetales y versos del Corán. Coronando la puerta se pueden ver 11 pequeñas cúpulas (y otras 11 más al otro lado, una réplica calcada de la misma puerta), que simbolizan los 22 años que duraron las obras de construcción del Taj Mahal.

Nos dispusimos a atravesar aquella puerta, tranquilamente, ya se veía bastante gente por allí, a pesar de que era pronto. De repente, pudimos ver el Taj Mahal a través del arco puntiagudo de la puerta… ¡que imagen!, ¿era aquello real?, ¿estábamos soñando?¿se mantenía el Taj Mahal suspendido en el aire?¿era una ensoñación aquella visión?... Después de haber visto este monumento, puedo afirmar con total rotundidad que es ¡el más bonito y bello! que he visto en toda mi vida. Es imposible describir con palabras las sensaciones que transmite este mágico edificio. Se ha de ver en vivo y en directo para percibir la energía que transmite el Taj Mahal.

Descrito como el monumento más extravagante de la historia construido por amor, este sublime mausoleo (es una tumba) mongol es el icono más admirado del país. Son muchos los que han intentado describir su belleza: según el poeta indio Tagore, es como “una lágrima en el rostro de la eternidad”, o para el escritor británico Rudyard Kipling es “la personificación de todo lo puro”. Y es que, como obra maestra arquitectónica, no tiene rival en el mundo entero.

 

El emperador Sha Yahan mando erigir el Taj en memoria de su segunda esposa, Mumtaz Mahal, que murió al dar a luz a su 14º hijo en 1631. Sus anteriores dos esposas no le habían dado descendencia. El fallecimiento de Mumtaz destrozo el corazón del emperador. La construcción del Taj empezó en ese mismo año y no se acabó hasta 1653 (siglo XVII). Poco después de terminado, Sha Yahan fue derrocado por su cuarto hijo Aurangzeb y recluido durante 10 años en el Fuerte de Agra. Allí permaneció, acompañado por sus dos hijas y sus concubinas hasta que murió. Desde allí solo podía ver su creación por una ventana y reflejado en un espejo. A su muerte en 1666 Sha Yahan fue enterrado aquí junto a Mumtaz. Su tumba es el único elemento que rompe la perfecta armonía del monumento.

Para sacarle el máximo de provecho a vuestro viaje a Agra, aquí tienes todo tipo de actividades y visitas guiadas en español

En la construcción del edificio trabajaron unas 20.000 personas en total procedentes de India y de Asia Central. Se trajeron expertos de lugares tan lejanos como Europa para crear las exquisitas mamparas de mármol, la piedra dura o las incrustaciones de miles de piedras semipreciosas. El Taj Mahal está hecho de ladrillo y encima de este se pusieron las placas de mármol, es decir, no es compacto. Cuenta la leyenda que cuando los británicos estuvieron por aquí, pensaron en llevarse el monumento a Londres, pero al darse cuenta de las dimensiones y complejidad del proyecto, lo descartaron… ¿Os imagináis el Taj Mahal en Londres?

 

También se cuenta que Sha Yahan pretendía construir una réplica exacta del Taj en mármol negro para su propia tumba en la ribera opuesta del río Yamuna, como una suerte de copia en negativo del mausoleo blanco. Quizás sea demasiado fantástico para ser verdad. Los guías locales dicen que ese fue uno de motivos por los que su hijo lo depuso y apresó, pues el Imperio Mongol no podía permitirse tan opulentos proyectos. Aun se pueden ver los cimientos de ese mausoleo que nunca se llevó a construir. 

 

El espectacular mausoleo fue declarado Patrimonio de la Humanidad UNESCO en 1983 y parece tan inmaculado ahora como recién construido, aunque fue restaurado completamente a principios del siglo XX pues se encontraba muy abandonado y había sido presa del vandalismo.

Todo el recinto del Taj Mahal guarda una simetría perfecta; la puerta de entrada tiene dos caras exactas, los jardines y fuentes son perfectamente simétricos, las 4 torres que rodean el Taj Mahal, que, por cierto, tienen una ligera inclinación de 2º hacia fuera para que, en caso de haber un terremoto, se caigan hacia el exterior, no encima del monumento. Estas, además, tienen 3 segmentos, lo que haría que se cayeran por partes y no de un solo bloque. Las cuatro caras del Taj son también idénticas, así, no importa desde qué ángulo lo mires, siempre es igual. Toda la estructura está coronada por cuatro pequeñas cupulas que rodean el famoso domo central en forma de bulbo.

 

Se construyó también una gran mezquita al lado del Taj Mahal, para que los 20.000 trabajadores pudieran rezar. Para guardar la simetría, construyeron un edificio exactamente igual al otro lado del Taj, el llamado “Jawab”, pero este no fue consagrado para el rezo, se utilizó como alojamiento para personas importantes.

Como comentábamos anteriormente, la única cosa que no es simétrica en el recinto, es la tumba del rey. Al morirse Sha Yahan, una de sus hijas quiso enterrarle al lado de su amada Mumtaz, cuya tumba estaba justo en el centro del mausoleo. La tumba del rey se puso al lado, rompiendo la armonía del conjunto.

 

Para visitar el interior del Mausoleo y ver las tumbas, os tendréis que poner unos patucos de tela. No solo para no ensuciar el templo, sino por respecto. Tampoco se puede filar en el interior.

 

Otro detalle que le da mucha fuerza al Taj es que está elevado en un pedestal unos 8 ó 10 metros y detrás no hay ningún edificio, solo el cielo, produciéndose así, un efecto, como si el monumento estuviese flotando en el aire.

Cuando estuvimos visitando el Taj, estaban limpiando la parte trasera, la que da al río Yamuna. Nunca limpian el mausoleo entero, sino que lo hacen por partes, para que los visitantes puedan disfrutarlo mejor. La técnica que utilizan para limpiarlo es aplicarle una capa de arcilla y una vez seca, la van quitándo, junto a toda la suciedad que ha ido acumulando el mármol.

 

Finalizamos nuestra primera visita al Taj Mahal, estábamos maravillados. No nos había decepcionado este mítico edificio, todo lo contrario, verlo en vivo nos había impresionado mucho.

¿Qué ver en Agra, además del Taj Mahal?

Fuerte Rojo de Agra

 

Nuestra próxima visita en Agra fue el Fuerte Rojo de Agra. Ya eran las 11:00 aproximadamente y estaba abarrotado de gente. Turistas nacionales principalmente, vestidos con coloridos y atractivos saris.

 

Fuerte Rojo de Agra queda ensombrecido por el Taj Mahal, pero es una construcción fantástica e impresionante, una de las fortalezas mongoles más notables de la India. En 1565 el emperador Akbar empezó la construcción del fuerte y del palacio, imponentes edificaciones de arenisca roja en las orillas del río Yamuna. Originalmente el fuerte era una estructura militar, pero Sha Yahan, nieto de Akbar, lo transformó en un palacio, que después se convirtió en su jaula de oro…

 

La fortaleza tiene forma de oreja y está rodeada completamente por una doble muralla rojiza de 30 metros de alto y 2,5 km de circunferencia.

Estuvimos visitando todo el interior del fuerte-palacio; La puerta de Amar Singh, la única del fuerte, en forma de codo y con un foso lleno de cocodrilos hambrientos. La Diwan-i-Am o sala de las Audiencias Públicas, Nagina Masjid o mezquita de las Gemas, la Diwan-i-Khas o sala de Audiencias Privadas. El Shish Mahal o Palacio de los Espejos. Los maravillosos Musamman Burj y Khas Mahal, la torre octogonal y el palacio de mármol blanco, donde Sha Yahan estuvo confinado durante años. Desde aquí podía ver el Taj Mahal, la tumba de su esposa, la Mina Masjid, mezquita particular del rey destronado. El jardín Anguri Bagh y el enrome palacio Yahangir. 

 

Una visita super interesante y bonita. El guía nos estuvo explicando mil cosas y mil detalles del fuerte. Como me gustaría viajar en el tiempo para trasladarme a aquella época y ver como vivía esa gente…

Itimad Al-Daulanh o “Baby Taj”

 

Seguidamente al fuerte de Agra fuimos a visitar la tumba de Mizra Ghiyas Beg, conocida como “Baby Taj”. Esta construcción, aunque no tiene la magnificencia ni la magia del Taj Mahal, tiene elementos que lo recuerdan, como la simetría, las fuentes que rodean el mausoleo, etc. Es una construcción preciosa, digna de visitar. Se trata de la tumba de un noble persa, visir del emperador Yahangir. El edificio es de un estilo similar a la que edificó para el propio Yahangir cerca de Lahore, Pakistan. Recuerdo el interior del mausoleo, ricamente decorado con cenefas y decoraciones florales, me recordó un poco a la Alhambra de Granada.

Este mausoleo está construido en la ribera oriental del río Yamuna. Desde una balconada pudimos ver a unos niños como jugaban y a la vez nos pedían limosna. Les tiramos algunos caramelos. También se podía ver como las mujeres lavaban sus saris en el río y los extendían al sol para que se secasen. También se veían por allí, rebaños de cabras y algunos búfalos de agua. Había mucho ambiente en el río Yamuna.

Finalizada la visita de este precioso mausoleo, el guía nos llevó a Mehtab Bagh, donde están los cimientos del mausoleo negro que quería construir Sha Yahan, y desde donde se puede ver el Taj Mahal por detrás, en la ribera contraria del río Yamuna.

 

Estuvimos recorriendo los jardines y sobre los cimientos abandonados nos estuvimos haciendo varias fotos con el Taj Mahal de fondo. El lugar es magnífico para conseguir una buena instantánea del edificio más bonito del mundo. Se veía en la base del Taj Mahal cantidad de gente… una buena recomendación es hacer la visita del Taj Mahal muy pronto por la mañana, para tratar de evitar estas hordas de turistas.

Finalizada la visita de lo más importante de Agra, fuimos a revisar el Hotel Crystal Sarova, un establecimiento moderno, para aquellas personas que quieran comodidades occidentales.

 

Al día siguiente, muy pronto por la mañana, quisimos hacer una segunda visita al Taj Mahal. Nos había gustado tanto, que decidimos volver a verlo. Esta vez íbamos sin guía. El día anterior nos había estado explicando todos los detalles del mausoleo, y esta vez solo queríamos pasear por allí, dejarnos envolver por su magnetismo y tener una experiencia Taj Mahal completa. Nos lo tomamos con calma, nos sentamos para contemplar aquella maravilla, lo rodeamos, lo tocamos e incluso lo besamos. Al despedirnos del Taj Mahal, nos pusimos hasta tristes… espero volver a verlo en alguna ocasión en el futuro.

Sansar nos llevó al aeropuerto de Agra. Un aeropuerto, que, por cierto, es militar. Allí se operan pocos vuelos comerciales. Sansar era la primera vez en su vida que traía a turistas a este aeropuerto, y se le veía un poco nervioso. El control policial nos hizo esperar a entrar al recinto aeroportuario un rato, finalmente nos autorizó la entrada. Aquí nos despedimos de Sansar, había sido un excelente conductor, muy prudente y simpático. Nos abrazamos y nos despidió como nos había estado llamando durante todos estos días, “majaraní” a Pili y “marajá” a mi.

El vuelo doméstico con destino Varanasi hacía una escala técnica en Khajuraho, el hogar de los templos eróticos. En mi siguiente viaje a la India los visitaré. Finalmente llegamos a Varanasi, la ciudad santa de los hinúes a la hora prevista, sobre las 16:00 horas.

 

Nuestro hotel, Tree of Life, estaba relativamente cerca del aeropuerto, fuera de la ciudad. Al principio, su ubicación, nos pareció un inconveniente, pero tras conocer la ciudad, consideramos que esta era perfecta. La única manera de aislarte de la ciudad más caótica y estresante de la India, era, alojarte un poco alejado del centro… Además, el Tree of Life es un hotel maravilloso, moderno, pero al estilo hindú, con unos jardines preciosos, una piscinita gustosa y una decoración muy divertida. Otro aspecto a tener en cuenta es su restaurante. Es, casi seguro, el sitio donde mejor comimos durante nuestro viaje a la India.

Esa tarde tuvimos un rato para descansar en el hotel, pero seguidamente nos vinieron a buscar para llevarnos a ver la celebración Ganga Aarti. Durante el trayecto de unos 45 minutos al centro de la ciudad, pudimos ver el caos de Varanasi. Atascos impresionantes; coches, camionetas, rickshaws, bicicletas, motos, circulan sin ningún orden, todos pitando constantemente… que desastre, ¡madre mía! Finalmente llegamos a la zona de los principales ghats de la ciudad. 

¿Qué significa Varanasi para los hindúes?

 

Varanasi, la Benarés de toda la vida, es la ciudad de Shiva y uno de los lugares más sagrados de toda la India. Es difícil encontrar otro lugar con tanto carisma, tan mágica, colorida y tan espiritual como esta ciudad. Varanasi es el corazón del universo hindú. Aquí se tocan el plano físico y el espiritual.

 

A Varanasi acuden los peregrinos hindúes para bañarse en el río Ganges, un río de salvación, y purificar sus cuerpos de los pecados de toda una vida, pero también vienen a incinerar a sus seres queridos y verter sus cenizas en el río, de esta manera conseguirán la “moksa”, esto es, la liberación del ciclo de la reencarnación. Nunca más, en toda la eternidad, volverán a nacer ni morir.

 

La urbe, a menudo sobrecogedora, es un lugar donde los rituales de vida y muerte más íntimos se llevan a cabo a la vista de todos, en sus populares ghats. Muchos viajeros vienen aquí para presenciar las prácticas de una tradición religiosa ancestral, pero aún muy viva.

 

Pasear por los ghats y conocer Benarés desde el río, paseando en una barca al amanecer, era nuestro cuarto gran objetivo de este viaje a la India y Nepal.

¿Qué ver en Varanasi (Benarés)?

Ceremonia del Ganga Aarti

 

Ya era oscuro, nos montamos en una barcaza de pescadores grandota, Pili, yo, nuestro guía de Varanasi y el barquero. Nos acercamos a la zona de delante del ghat Dasaswameth, donde tiene lugar cada atardecer esta ceremonia. Nos varamos al lado de otra barca, había allí amontonadas decenas de embarcaciones, una al lado de la otra, como en las habaneras de Calella de Palafrugell.

 

El Ganga Aarti es una ceremonia en la que se da gracias al río Ganges (los hindúes lo consideran la principal fuente de vida, como una madre) y se le hacen ofrendas de flores, o pequeñas velas que flotan en el agua. La ceremonia es seguida cada día por multitud de hindúes, pero también turistas. Es un ritual muy vistoso, con sacerdotes haciendo mil pequeños rituales, música ensordecedora, mil campanillas sonando a la vez, fuego y humo que lo impregna todo… un gran espectáculo, en definitiva.

 

Es recomendable ir pronto para coger un buen sitio y ver bien la ceremonia. El ritual es al atardecer, así que la hora varía según la época del año en que viajes a Varanasi. Se puede ver directamente desde tierra firme, en el ghat de Dasaswameth, o desde el río, en una barcaza, como hicimos nosotros. 

Al finalizar la ceremonia, la barca nos acercó a un ghat que estaba cerca del embarcadero, por llamarlo de alguna manera. Era uno de los ghats donde se hacen cremaciones. Vimos varias piras funerarias ardiendo simultáneamente. Se veían grandes cantidades de leña amontonadas para los siguientes cadáveres. La imagen era dantesca… ya habíamos conocido escenas similares en Pashupatinah en Katmandú, e íbamos un poco preparados, pero las dimensiones de Varanasi son mucho más importantes que las de la capital de Nepal. Varanasi es la ciudad santa, donde todos los hindúes vienen a morir, así que, aquí, es todo a lo bestia…

Ghats de Varanasi

 

Los ghats son la larga cadena de escalinatas que se sumergen en las aguas del río Ganges, situadas en su orilla occidental. Aquí acuden todos los peregrinos hindúes y es donde se desarrolla la mayor parte de la vida espiritualidad de la ciudad. Casi todos los ghats sirven para bañarse y purificarse, pero también hay algunos para incinerar cadáveres, el principal crematorio es Manikarnika Ghat, y es habitual ver cortejos fúnebres en dirección a él o piras funerarias ardiendo durante todo el día y la noche.

 

La mejor hora para conocer la vida en los ghats es al amanecer, cuando una luz suave baña el río y los peregrinos acuden para realizar la “puja”, ofrendas u oraciones al sol naciente. Salir a pasear en una barquita, a esas horas es una experiencia fantástica. Nosotros lo hicimos… la barca navegaba cerca de los ghats y pudimos ver como la gente se metía en las aguas del Ganges para purificarse y rezar. Aquellas imágenes transmitían paz y serenidad, había una atmósfera mágica en el ambiente, en ese momento me hubiera convertido al hinduismo, estaba convencido de que algún dios rondaba por allí. Hicimos, también nuestras ofrendas al río Ganges, tiramos unas flores y unas velas al agua.

Hay unos 80 ghats en la ribera del río, en un espacio de unos 8 km. Los ghats están uno al lado del otro, sin separaciones. Desde la calle, cada ghat tiene una entrada, pero una vez dentro, puedes pasar de uno a otro sin ningún impedimento. El grupo principal se extiende desde el Assi Ghat (cerca de la Universidad), hasta el Raj Ghat. Pasear por los ghats es una experiencia fantástica; hay un ambiente impresionante, una mezcla de gentes increíble; santones, peregrinos, turistas, grupos que acompañan a una novia para hacerse fotos, niños jugando, gente que acude a lavar la ropa al río, un pastor que lleva a sus búfalos a darse un chapuzón, gente haciendo yoga (Varanasi es un punto importantísimo de Yoga a nivel mundial), mendigos e incluso gente mayor que acude a Varanasi a esperar su muerte y poder ser incinerado aquí. Nosotros estuvimos paseando un buen rato y vimos escenas cotidianas preciosas.

 

Los ghats fueron construidos, en su mayoría, por marajás o rajás y por eso llevan sus nombres; Shivala Ghat (marajá de Varanasi), Mansarowar Ghat (el rajá Man Singh de Amber le puso el nombre del lago tibetano que hay a los pies del monte Kailash, el hogar de Siva en el Himalaya), Man Mandir Ghat (rajá Man Singh), Ram Ghat (marajá de Jaipur), etc.

 

Algunos de los ghats más importantes son;

  • Assi Ghat; aquí confluyen el río Ganges con el río Assi
  • Tulsi Ghat; Recibe el nombre de un poeta hindú del siglo XVI. Tiene lugar aquí, en el mes de octubre-noviembre un festival en honor a Krisna.
  • Bachraj Ghat; se pueden ver tres templos jainies.
  • Hanuman Ghat; muy concurrido.
  • Harishchandra Ghat; Uno de los más antiguos de Varanasi. Aquí se hacen cremaciones, pero no es tan importante como el Manikarnika Ghat.
  • Someswar Ghat; dicen que en este ghat se curan enfermedades
  • Dasaswameth Ghat; Es el más animado y colorido de la ciudad. De fácil acceso, destacan las estatuas y el santuario de Sitala, diosa de la viruela. Aquí se celebra, como hemos comentado anteriormente, cada tarde, la ceremonia del Ganga Aarti.
  • Manikarnika Ghat; es el principal crematorio.

 

Conocer los ghats de Varanasi es conocer la esencia de la India. Aquí no pasa el tiempo, es un lugar eterno, un lugar que siempre ha existido y que nunca cambiará. 

Nuestro paseo matutino por el Ganges pasó, de nuevo, por delante del Manikarnika Ghat, el mismo que habíamos visto la noche anterior. Había activos 3 piras funerarias en aquel momento. Se veía a los familiares de los fallecidos por allí, acompañando a su ser querido en ese trance final. También se veían animales deambulando por el ghat, vacas negras y perros, que dicen se comen restos humanos. El ghat está muy degradado, me imagino que debido a su gran y constante actividad. Está muy sucio, incluso los edificios colindantes se ven ennegrecidos por el humo, me imagino que no estarán habitados. Nuestra excursión en barca finalizó allí. Nos bajamos en un pequeño escalón donde había varios tipos purificándose en el agua. Desde allí, fuimos caminando por las callejuelas de detrás de los ghats, que en aquellos momentos de la mañana estaban muy tranquilas, tan solo vimos varias vacas hurgando en las basuras, hasta uno de los templos más importantes de la ciudad, el Templo Dorado.

Templo Dorado o de Vishwanath

 

Nuestro guía nos había advertido que las medidas de seguridad para acceder al templo eran muy fuertes. Ya varias calles antes de llegar al templo, los militares hacían controles y solo dejaban pasar a gente que vivía por allí o a turistas acompañados por guías. Se ve que hace un par de años hubo un atentado terrorista motivado por sentimientos religiosos en este mismo templo y hubo varios muertos. Con estas medidas quieren evitar que vuelva a pasar algo similar.

 

Tampoco está permitido hacer fotos ni video y obligan a dejar todos los aparatos, incluido el móvil, en unas taquillas. Así que no tengo imágenes propias de este templo.

 

El Templo Dorado es el templo hindú más popular de Varanasi y está dedicado a Vishwanath (Siva como señor del Universo). El templo fue construido en 1776 por Ahalya Bai de Indore, mientras que los 800 kilos de oro que revisten la torre y la cúpula, los aportó el marajá Ranjit Singh de Lahore.

Universidad de Varanasi

 

Seguidamente nuestro guía nos llevó a la zona de la Universidad. Varanasi ha sido durante mucho tiempo una ciudad académica y esta tradición se mantiene en la gran universidad hindú de Varanasi que data de 1916 y tiene una excelente reputación. Fundada por el nacionalista Pandit Malaviya como centro para la educación del arte, la música, la cultura y la filosofía indios y para el estudio del sánscrito, actualmente ofrece cursos prácticamente de todas las materias y tiene 15.000 alumnos, entre ellos 2.000 extranjeros. Las amplias avenidas arboladas y los parques de este campus de 5 km cuadrados ofrecen un entorno tranquilo, a años luz de la ciudad que bulle a su alrededor. Se veía por la zona de la Universidad edificios de estilo colonial muy bonitos.

Templo de Durga Mandir (Templo Rojo)

 

Este es uno de los templos más importantes para los hindúes de Varanasi. Se encuentra alejado de los ghats. La característica principal de este pequeño templo, de estilo nagar, del norte de India, es su intenso color rojo y ocre. En su interior hay un pequeño santuario con una estatua de la diosa Durga montando un tigre, armada con un tridente, un disco y una espada. Esta es considerada la diosa de la fuerza y el poder. El templo fue construido en el siglo XVIII por un marajá bengali y presenta una “shikara” o aguja de varios niveles.

Templo Madre India o Bharat Mata

 

Este es un templo un poco extraño. El edificio, de 1918, no parece un templo, sino un hotel… En su interior, en vez de imágenes de dioses, se encuentra una enorme maqueta de mármol blanco con el relieve de todo el subcontinente indio. Es fantástico poder ver en perspectiva, toda esta región y poder distinguir los Himalayas, los diferentes estados de la India, Sri Lanka, las Maldivas, etc. Parece ser que sus fundadores querían que el templo representase la unión de las diferentes religiones y culturas que conviven en la India. Un “rara habis”…

A la entrada de este templo había ¡un encantador de serpientes! Tocaba una flauta para que salieran de una cesta varias cobras reales. El hombre vio que me interesaban mucho los animalitos y me dejó coger una para que me la pusiera en el cuello, salió mi vena “Wild Frank”. Era una boa, no son venenosas, cazan ahogando a sus presas y doy fe de que la serpiente tenía una fuerza increíble, en un momento se me enrolló en el brazo, apretando para que no me pudiera escapar y luego tragarme enterito… jeje, le hubiera sido complicado engullir mi cuerpo serrano… Aquel fue un momento “mil y una noches”, ¿cómo puede existir aún, hoy en día, gente que se dedique a hacer estas cosas?... el mundo es maravilloso…

Para finalizar las visitas, nos fuimos a Sarnath, una población a unos 13 kilómetros de Varanasi.

¿Qué ver en Sarnath?

Cuenta la leyenda que aquí Buda dio su primer sermón ante unos pocos seguidores. En el siglo III, Asoka mandó construir varios monasterios y estupas en este mismo lugar, para conmemorar tan importante acontecimiento. Varios siglos después de Cristo, se dice que vivían unos 1.500 monjes y había una estupa de 100 metros de alto. El budismo entro en decadencia y los invasores musulmanes acabaron de borrar todo rastro de Sarnath de la faz de la tierra. No fue hasta el 1835 que Sarnath fue recuperada por los arqueólogos británicos. Hoy en día se muestran las ruinas de aquellos monasterios y se han reconstruido varias estupas importantes.

 

Sarnath es uno de los cuatro lugares fundamentales del budismo, junto con Bodhgaya, Kushinagar y Lumbini, en Nepal. Y atrae a muchos seguidores de todo el mundo. Cuando nosotros estuvimos allí, había grupos de japoneses rezando y haciendo yoga en los jardines.

Estupa Dhamekh

Esta estupa impresionante de 34 metros de alto, marca el lugar donde Buda dio su primer sermón. Se data en el 200 ac y está construida de ladrillo.

 

Estupa Chaukhandi

Esta gran estupa en ruinas data del siglo V y marca el punto donde Buda conoció a sus primeros discípulos.

Templo Mulgandha Kuti Vihar

Este moderno templo fue construido por la Sociedad Mahabodhi en 1931. En el interior hay una librería y muros decorados con grandes frescos del artista japonés Kosetsu Nosi. Unos frescos fantásticos que describen escenas de la vida de Buda. Cuando estuvimos nosotros allí, había un gran ambiente, lleno de monjes budistas en plena celebración.

 

El árbol de Bo

Este árbol que crece en el exterior de este templo, procede de un esqueje plantado en 1931 del de Anuradhapura (en Sri Lanka), que a su vez, según dicen, es otro esqueje del árbol original de Bodhgaya bajo el cual alcanzó Buda la iluminación.

Por la tarde de aquel día, regresamos a los ghats de Varanasi para empaparnos del ambiente y contemplar la vida a orillas del río Ganges. Es curioso porque al otro lado del río Ganges no hay absolutamente nada, es como un desierto. ¿Porqué no hay nada edificado? ¿quizás exista alguna razón espiritual?

 

Durante nuestro paseo por los ghats de Varanasi, nos metimos en el hotel Brijrama Palace. Este es un hotel fantástico, situado justo encima de un ghat cercano al de Dasaswameth. Es un antiguo palacio de algún noble indio, transformado en hotel de lujo. Las habitaciones son tipo suites y hay algunas con vistas al río. Desde aquí se puede observar la vida de los ghats desde la terraza del hotel. Una situación excelente, aunque no hay posibilidad de evadirse de toda esta espiritualidad en ningún momento.

También visitamos varios hoteles más modernos; Hotel Madin Varanasi está muy bien, además tiene una piscina y un jardín vertical en la azotea, fantásticos. Aquí, en la India, pegarse un baño después de una jornada de visitas es un lujo indispensable.

 

El Hotel Rivatas Varanasi es también una opción moderna recomendable, pero es un pelo más sencilla que Madin. Sin lugar a dudas, mi opción ideal para alojarse en Varanasi es el Tree of Life, a pesar de no estar céntrico, es un auténtico oasis que ayuda a desconectar de la locura de ciudad que es Varanasi.

 

Esa noche cenamos en el restaurante del hotel Tree of Life y fue una de las mejores cenas que tomamos en todo el viaje. El chef es excelente, incluso nos personalizaron el menú, eso le encantó a Pili…

 

A la mañana siguiente, nos pasaron a buscar para llevarnos al aeropuerto. Ahí tomamos el vuelo que nos llevaría a Delhi, nuestro último destino del viaje. Disponíamos de un solo día para conocer las principales visitas de Delhi, así que íbamos con el tiempo muy justo.

¿Qué ver en Delhi?

Delhi me pareció una ciudad caótica, con unos atascos monumentales. Mi socio en India siempre me recomienda alojar a los clientes en Delhi, en hoteles cercanos al aeropuerto, sobre todo si al día siguiente tienen algún vuelo. Ahora lo entiendo perfectamente. Nunca sabes cuánto vas a tardar en llegar a ninguna parte, probablemente mucho… Sin embargo, Delhi me pareció una ciudad interesante, donde hay más cosas que ver de lo que parece, al menos, las que vimos nosotros me parecieron muy interesantes.

 

Delhi no era la capital de la India cuando llegaron los británicos, allá por el 1803, pero era un importante centro comercial. Un siglo después, sobre el 1911, decidieron construir Nueva Delhi desde cero y darle la categoría de capital de la India británica. Sin embargo, 16 años después de la gran inauguración, los británicos fueron expulsados del país y Delhi se convirtió en la capital de una India independiente.

 

Teníamos pocas horas para conocer Delhi, aún, así, tuvimos tiempo de visitar los puntos más importantes de la ciudad, aunque algunos, los hicimos de forma panorámica.

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Complejo del Qutab Minar

 

Los preciosos edificios del complejo de Qutab Minar datan de los inicios del dominio islámico en India y son fantásticos ejemplos de arquitectura afgana temprana. Nos quedamos maravillados con las decoraciones de los edificios; las fachadas, las columnas, los arcos, tienen una riqueza de relieves impresionante, además, son decoraciones muy originales, nunca había visto nada parecido. Nos sorprendió mucho este complejo y lo recomendamos encarecidamente.

 

Dentro del recinto hay muchas construcciones, algunas son solo ruinas. La que más destaca es sin duda el propio Qutab Minar, se trata de una altísima torre de la victoria iniciada en 1193 para conmemorar la derrota del último reino hindú en Delhi, pero no se terminó hasta 1368. La torre tiene 73 metros de alto y un diámetro en su base de 15 metros, que se va estrechando hasta solo 2,5 metros en la cima. Se trata de una construcción imponente y espectacular.

 

Justo debajo de Qutab Minar se encuentra Quwwat-ul-Islam Masjid, la primera mezquita que se construyó en la India, la mezquita de la Grandeza del Islam. Data del 1193 y se edificó sobre los cimientos de un templo hindú. Muchos de los elementos de la construcción de la mezquita indican sus orígenes hindú o jainí. A lo largo de los tiempos se le fueron añadiendo elementos a la mezquita, por ejemplo, Ala al Din, en 1300 añadió la magnífica puerta de Alai Darwaza.

 

Ala al Din quiso construir una segunda torre de la victoria, con el doble de altura que la original, e inició las obras, pero murió, y el proyecto fue abandonado. Se puede ver allí, la base del Alai Minar, de 27 metros de alto.

Chandni Chowk 

 

Chandni Chowk es la espina dorsal de Old Delhi, es un barrio caótico, de callejuelas entrelazadas, sucio, ruidoso, crónicamente congestionado, lleno de tiendas cutres y tenderetes de frutos secos, especias, etc. gente por todas partes, edificios degradados, vamos, la imagen que uno tiene cuando le hablan de la India, la encontrará aquí. Ese caos es, también, parte de su encanto…

 

Nosotros conocimos el barrio en rickshaw, las típicas bicicletas con el cubículo detrás. Nos llevaba un indio menudo y delgado, que le costaba un mundo arrancar el aparato cada vez que lo tenía que parar. Pili sufría por el chico, entre el calor que hacía y el ejercicio que estaba haciendo, le iba a dar un sincope… pero esta gente son muy rudos y están acostumbrados al trabajo duro… nos metió por callejuelas en las que casi no cabía el rickshaw, estuvimos a punto de tirar algún tenderete, nos metimos en medio de una manifestación fuertemente vigilada por policías, pasamos junto a las murallas del Fuerte Rojo de Delhi, sorteamos vacas sagradas que se movían perezosamente entre la muchedumbre, e incluso, en algún momento, alcanzamos una velocidad considerable. Fue, toda una experiencia lo del paseo en rickshaw por Chandni Chowk.

Mezquita Jama Masdij

 

El rickshaw nos dejó a las puertas de la mezquita de Jama Masdij. Este es el templo más importante y grande de los musulmanes indios y fue construido para la gloria de Sha Jahan. Su construcción se inició en el 1644 y duró 14 años.

 

Subimos por unas amplias escalinatas y entramos al recinto de la mezquita por una preciosa puerta, aparecimos en el espectacular patio de la mezquita, con capacidad para 25.000 personas. ¡nos encantó esta mezquita!, es impresionante. Hay 2 minaretes de 40 metros cada uno y una entrada a la mezquita monumental. En aquel momento hicieron la llamada al rezo por la megafonía de los minaretes, me pareció estar en Estambul.

 

La mezquita Jama Masdij está coronado por dos colosales cúpulas en forma de bulbo. La mezcla del mármol blanco y la arenisca roja le confiere un aspecto magnífico. Nos estuvimos paseando por todo el recinto descalzos y ataviados con los pañuelos que nos habían proporcionado a la entrada. El cielo azul y nuboso contribuyó a completar aquel cuadro hermoso.

 

Antes de viajar a la India, no era consciente de que el islam estuviese tan presente en este país. Para mí, la India, era hinduismo y budismo. Se me hizo muy extraño ver a indios rezando a Alá, pero, por otro lado, me gustó ver como convivían las diferentes religiones, esa tolerancia es lo mejor que puede ocurrir para preservar la paz en el mundo.

 

La mezquita de Jama Masdij fue otra agradable sorpresa para nosotros durante nuestra visita a Delhi.

Rajpath e India Gate

 

El ancho Rajpath (camino del Rey), es una inmensa calle diseñada por el arquitecto británico Edwin Lutyens. Este se encargó de idear desde cero la nueva ciudad (New Delhi), para gloria del Imperio Británico.

 

Nosotros recorrimos el Rajpath en coche, hicimos una visita panorámica, desde la Puerta de la India, un arco conmemorativo de 42 metros de alto, que rinde tributo a los soldados indios muertos en la 2ª Guerra Mundial, hasta el Rashtrapavi Bhavan, la residencia oficial del presidente de la India, fuertemente custodiada. De aspecto palaciego, antes de la Independencia, era la residencia del virrey británico, Lord Mounbatten fue el último de ellos.

 

Al otro lado de la calle se encuentran los edificios del Secretariat, que albergan varios ministerios y el Sansad Bhava (Parlamento), una estructura circular con una columnata de 171 metros de diámetro. En toda esta área se puede apreciar la grandeza que los británicos quisieron otorgar a esta nueva ciudad, para distinguirla de la vieja Delhi.

Gurdwara Bangla Sahib

 

Esta fue nuestra última visita en Delhi, y supuso la guinda del pastel. Fue una visita inesperada, casi improvisada, pero que resultó super interesante. Gurdwara Bangla Sahib es un templo sij, una religión que se desarrolló en el contexto del conflicto entre las doctrinas del hinduismo y del islam, durante los siglos XVI y XVII en la región del Punyab del imperio mogol. Actualmente, es la sexta religión del mundo, en número de creyentes.

 

Los sijs son estos que recogen su pelo con un turbante y se dejan la barba muy larga. Se pueden ver muchos en Inglaterra y son, popularmente, la imagen más conocida de los indios, aunque ahora nos damos cuenta de nuestra ignorancia. Son, tan solo, indios que procesan una religión diferente al hinduísmo.

 

La cuestión es que estos sijs tienen fama de ser una comunidad muy activa, solidaria y trabajadora. Aquí, en este templo pudimos ver una muestra. Había organizado un comedor inmenso donde daban de comer a gente desfavorecida, era como un comedor social. Vimos una gran concentración de gente sentada en el suelo esperando a que abriesen el comedor. Nosotros, con el guía, nos metimos en las cocinas y pudimos ayudar un poco haciendo pan. Tenían allí montado un buen tinglado, había utensilios de cocina enormes para cocinar grandes cantidades de alimentos y un regimiento de hombres y mujeres pelando patatas y cebollas.

Seguidamente nos descalzamos y visitamos el templo (gurdwara). Impresiona un poco ya que parece sacado de un cuento, todo de mármol blanco y coronado con cúpulas bulbosas doradas, había mucha gente por allí deambulando, todos con sus coloridos turbantes y sus barbas recogidas. En el interior del templo no se podía filmar, pero era como una mezquita, todo enmoquetado, con muchas lámparas y la gente sentada en el suelo… el ambiente era de pura espiritualidad. No teníamos ni idea de los preceptos ni a que dios veneran estos sijs, pero siempre he pensado que de una u otra manera, todas las religiones rezan, al final,  al mismo dios, solo que de formas diferentes.

 

Este templo se construyó en el mismo emplazamiento donde el octavo gurú sij, Harkrishan Dev pasó varios meses en 1664. Dicho gurú dedicó la mayor parte de su tiempo a ayudar a los desposeídos y enfermos y fue venerado por sus poderes curativos; un gran estanque dentro del recinto contiene agua que al parecer posee propiedades curativas, vamos, lo mismo que Lourdes, pero a lo sij.

 

Esta visita al templo sij Gurdwara Bangla Sahib nos había gustado mucho. Nos quedamos con las ganas de profundizar en la religión sij y conocerla un poco más.

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